El gran legado del doctor José Luis Orendain; amaba su carrera y a sus pacientes

“¡Pim pum papas, vámonos, la que sigue!”, es una frase que patentó el doctor José Luis Orendain Curiel, especialista en cirugía general del Hospital General de Zona número 10 del Seguro Social, en Santiago Ixcuintla.

Orendain tenía unos 20 años trabajando en Santiago Ixcuintla, cumpliendo turnos de 6:45 de la mañana a 11 de la noche el día sábado, y otra jornada igual en domingo, pero ello no impedía que entrara al quirófano si se presentaba una emergencia fuera de su horario.

El regreso a su casa en Tepic era en la madrugada de lunes, y coincidió que alrededor de las 2:30 horas de este 27 de abril, el doctor Orendain Curiel murió en el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de esta ciudad.

Cuatro semanas antes, el sábado 28 de marzo, José Luis Orendain fue parte del equipo médico que atendió a una señora, entonces sospechosa de contagio del coronavirus, lo que posteriormente fue confirmado y a ello se atribuyó su muerte.

El siguiente fin de semana, el doctor regresó a su fuente de trabajo en Santiago Ixcuintla, aunque unos días después mostró síntomas de la enfermedad Covid-19.

La entrega humanista del doctor Orendain no deja dudas y hay constancia de ello: aunque tenía 63 años de edad y padecía diabetes, situaciones que hubieran facilitado una licencia de acuerdo a los lineamientos de la Secretaría de Salud a propósito del coronavirus, él prefirió quedarse.

Varias personas hablaron con él, convencerlo para que descansara un tiempo, pero tenía claro que debía ayudar. Así era su vida, vinculada con el hospital santiaguense.

Ya antes había adelantado que estaba por cumplir 28  años de servicio y podría jubilarse, pero quería seguir.

“Amaba su carrera, a la institución, y a sus pacientes. Era un ser diferente”, comenta una persona que ya empieza a extrañar al doctor Orendain. Los múltiples comentarios en redes sociales de sus compañeros de la salud describen su solidaridad, siempre dispuesto a ayudar.

Cuando la mañana de un sábado Orendain Curiel llegaba al hospital de Santiago Ixcuintla, no había un  trabajador al que no saludara. Buscaba a todos para darles la mano o un abrazo.

Y puesto ya en el trabajo, era de lo más común su frase “¡pim pum papas, vámonos, la que sigue!”, al terminar una cirugía o en los pasillos del nosocomio. Era como su música. Cumplir una tarea y a la que sigue.

Otra expresión muy suya, que repetía: “¡son detalles!”, la asociaba para encontrar una salida positiva a las circunstancias que ocurrían.

Si de repente aumentaba el trabajo, ni hablar: “¡son detalles!”. Si esto o lo otro, ni modo: “¡son detalles!”.

José Luis Orendain supo vivir como un médico de vocación. Si alguna vez llegó a ausentarse deltrabajo fue por situaciones de salud, como la que finalmente lo condujo a la muerte.

Hospitalizado las últimas semanas en Tepic, habría entendido su estado y a partir de ello trataría de preparar a su familia para el desenlace que podría presentarse, y que sucedió: a su esposa, sus dos hijos varones y una hija.

Las siguientes horas a la muerte del doctor Orendain, lo ha seguido información que asocia el contagio del coronavirus, sin embargo, hay quien válidamente apunta que el cirujano no debe ser recordado así, puesto que él trascendió más allá, con una entrega absoluta a su trabajo, siempre preocupado no sólo por cumplir a lo que estaba obligado, sino quedándose más tiempo las veces que se requería.

Hay miles de anécdotas del doctor. Un buen cirujano. Entrón a todo. Una persona inolvidable”.

Que descanse en paz.

Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com