Describen cómo fue la masacre donde 14 personas murieron en Minatitlán

Sobrevivientes a la masacre registrada el día de ayer en Minatitlán, Veracruz, relataron cómo ocurrieron los sucesos.

Aseguran que además de las víctimas mortales, todos sufrieron violencia psicológica pues los obligaron a ver cómo acribillaban a los demás, entre ellos un bebé que fue asesinado a quemarropa.

“Era el cumpleaños de mi hermana, cumplía 52, yo venía del baño cuando comenzó la tronadera, no vi cuántos eran porque ya no salí. Perdí a mi hijo, mi único hijo, ya se imaginará el dolor que tengo de ver a mi único hijo muerto, Dios es tan grande que aquí estoy parada, con mi dolor, porque no se puede decir otra cosa, tenía 32 años”. 

Algunos sobrevivientes declaran que la masacre pudo haber sido un castigo por hacer fiesta en viernes santo pues “son días de guardar”. 

“A las viejitas que estábamos bailando nos apuntaron. Sí, mataron a varias viejitas. No sé cuántos eran, yo lo que hice fue aventarme debajo de la mesa, a mi me apuntaron, pero me encomendé a Dios y le dije: perdóname señor y que se haga tu voluntad. Se me hizo eterno, pensé que no iba a terminar. Éramos como 50, éramos puras señoras”. 

Sobre el asesinato del menor de un año de edad, testigos aseguran que fue asesinado a quemarropa.

“Seguía más, yo dije, fue un balazo, pero fue una rociadera porque estaban muertos y ahí mismo le seguían dando. Al bebé lo siguieron rematando, le dieron en el corazoncito, cómo no se van a dar cuenta si lo traía la mamá cargando. A la mamá también le dieron. Yo creo que el papá lo quiso cubrir, pero le dieron en la cara”. 

De acuerdo a los testigos, el grupo de atacante buscaba a alguien en específico, aunque no saben a quién.

“A los que estaban agachados les decían que voltearan a ver a los muertos, les volvían a dar. Que los miraran, volteabas a verlos y te decían voltéate. Creo que buscaban a alguien, te apuntaban a la cabeza o la espalda con armas largas. Eran como seis personas, yo sólo vi al que me estaba apuntando, sólo decía: en tus manos encomiendo mi espíritu, perdóname, perdóname, me cubro con tu sangre preciosa y grité: la sangre de Cristo tiene poder, el hombre se dio la vuelta y ¡pam! le dio al que estaba a lado; ¡pam! le dio al que estaba del otro lado y dije, me va a tocar en la espalda, pero se fueron. Luego vi a mi comadre, yo le decía párate manita, párate, pero no, ya la habían matado”.