Sobreviviente de la tragedia en arroyo de Amatlán de Cañas narra su experiencia

Han pasado seis meses desde que la tragedia que enlutó la vida de Flor Aguayo, cuya familia fue arrastrada por la corriente de un arroyo en Amatlán de Cañas. Aún afectada, pero hasta cierto punto serena, es ella misma quien narra por primera vez cómo es que ocurrieron los sucesos aquel día:

“No era tanta el agua, pero él (su esposo) dijo que no iba a pasar porque a lo mejor la camioneta se le quedaba. No bajamos, si no que nos quedamos en la carretera. Estaba retirado, como unos 15 metros, en ese momento el agua todavía era cremita, aún no bajaba la creciente”.

“Yo le dije que me quería bajar, se bajó mi papá, mi esposo, mi niño y yo, todos nos bajamos, menos mi mamá…”

“Fue entonces cuando el agua llega por atrás, yo nunca me imaginé que el agua llegaría atrás, la creciente se expandió en todo… Fue cuando mi esposó me gritó, súbete a la camioneta, pero yo le dije –no, no me voy a subir porque no alcanzo, yo me voy a ir caminando-, pero era difícil porque iba en contrario, el agua venía de arriba y yo iba”.

“El niño se subió rápido, mi papá, mi esposo también se subió, pero la puerta de mi esposo no cerró… La camioneta no prendió, como que nomás aventaba humo por adelante y yo les decía que se salieran”.

“Duró como unos 5 minutos o un poquito más, cuando la camioneta ya se empezó a flotar, de hecho estaba para abajo la camioneta, pero la fue girando hacia arriba y la fue arremangando y arremangando. Yo les gritaba que se salieran. A lo mejor mi papá, el niño y mi esposo sí podían salir, mi mamá es la que, a mi ver, no iba a poder, porque era una camioneta de dos puertas”.

“Yo les gritaba que se salieran, desesperada, en ese momento no sabes qué hacer. Se fue yendo, se fue yendo la camioneta hasta que cayó al arroyo…”

Han pasado los días y para Flor todos son iguales, como ella lo comenta, pues perdió su circulo más cercano, padres, esposo y su hijo.

“A mi hijo, mi esposo y mi mamá los enterramos un mismo día, a mi papá hasta al otro día porque tardamos mucho en encontrarlo”.

Ahora, con 34 años, Flor buscará un nuevo horizonte que le ayude a sobrellevar la pérdida. Tiene una meta clara, quiere terminar la capilla que construyó para su esposo e hijo en el panteón, quiere detallarla, pintarla y llevarles un cristo grande. Para esto, buscará  emplearse como trabajadora en una fabrica de Canadá, pues necesita volver a reunir dinero para terminar la obra que inició hace poco tiempo.

De momento, se encuentra en la tienda de abarrotes que puso hace algunos años, sin embargo buscará ese nuevo empleo que le deje mejores ingresos pues asegura, es una mujer que sabe trabajar y hasta hoy, ese ha sido el mejor aliado para sobrellevar el duelo.

Finalmente, Flor nos platicó que tiene un pendiente que quisiera cumplirle a sus familiares…

“Para ellos me gustaría componerles un corrido, que les escribieran un cantar, no sé… Pero sí me gustaría eso, la verdad”.