En las calles Allende y Abasolo aún son visibles los daños provocados por la inundación que dejó el desbordamiento del arroyo. En una de las viviendas afectadas, la familia del señor Juan Antonio Cruz recuerda cómo la corriente derribó el muro de contención de piedra y concreto que los protegía, levantó el piso del baño y arrastró sus herramientas de albañilería y herrería, sepultándolas en el lodo.
“Primero llegó una partecita de agua y después la más fuerte, la que nos hizo correr y treparnos a los techos. Cuando mis nietos empezaron a llorar pensé que era por miedo, pero ya teníamos el agua a la cintura. En un cuarto el nivel subió hasta 1.70 metros”, relató el afectado.
Otro inmueble dañado fue un centro de rehabilitación donde se atiende a 42 jóvenes. Aunque perdieron sus pertenencias, primero ayudaron a sus vecinos a rescatar vehículos y limpiar viviendas. “Todo se llenó, la cocina, los cuartos, los vestidores. Hemos estado limpiando con ayuda de los compañeros”, contó Juan Antonio Palomares, integrante del centro.
Los damnificados señalaron que lo más urgente ahora es agua potable, ropa y artículos básicos. “No tenemos estufa ni dinero; lo que nos puedan ayudar se los agradeceríamos”, expresó Cruz.
Mientras el nivel del agua desciende y las calles vuelven a quedar al descubierto, las familias de Jalcocotán inician la etapa más difícil: reconstruir lo perdido.





