Cuando en la Mesa del Nayar cayó el último reducto amerindio contra la dominación española

*Hoy, 301 aniversario de la resistencia heroica del pueblo cora de Tzacaymuuta.

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Este martes 17 de enero se cumplen trescientos un años de la caída del que fue el último reducto organizado de nuestros pueblos originarios en la Nueva España, tras casi dos siglos de resistencia a partir del primer contacto con los expedicionarios españoles registrado desde 1525.

Los antiguos coracholes (hoy coras y huicholes) erigieron la primera civilización conocida y estructurada del hoy Nayarit. Inmigraron hacia el 1500 antes de nuestra al actual territorio nayarita, donde alcanzaron su clímax entre los años 1200 y 1525.

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Fue tras la irrupción de Nuño Beltrán de Guzmán y su ejército a los valles centrales y la zona costera de este extremo sureste del Golfo de California que, desde 1531, dos terceras partes de los amerindios perdieron la vida por las enfermedades introducidas o fueron prácticamente esclavizados para servir en las encomiendas otorgadas a los colonizadores como premio.

Pero otros huyeron hacia la Sierra del Nayarit, uniéndose a los nativos que desde quince siglos atrás ya poblaban dicho territorio. Ahí las características orográficas y la amplitud de sus áreas despobladas impidieron la conquista político-militar y religiosa por las autoridades de sus dos regiones virreinales vecinas que, entre los siglos XVI a XVIII, se llamaron respectivamente Reino de la Nueva Galicia y Reino de la Nueva Vizcaya.

Así pues, tras casi doscientos años de erigirse en una región de refugio amerindio, la zona serrana se constituyó en el último atltépetl mesoamericano, autollamado Huayca, y con epicentro en su capital Tzacaymuuta (situada en la actual Mesa del Nayar).

Fue el soberano español Felipe V quien dispuso, en Cédula Real del 31 de julio de 1709, que se hicieran nuevos intentos para someter a este aún independiente “reino” interétnico encabezado por el pueblo cora, pero del que también formaban parte amerindios huicholes, tepehuanes, tecualmes, coanos, tepecanos, y acaso también mexicaneros.

De inicio, el resultado fue infructuoso y la oportunidad se presentó una década después: en 1720, los serranos tuvieron pobres cosechas e incluso padecieron hambruna, por lo cual bajaron entre otros a los poblados de Acaponeta y Sentispac en busca de alimentos; rechazados por sus pobladores, tampoco ya no pudieron aprovisionarse de sus otros tradicionales productos de comercio, como la sal y el pescado seco.

Aprovechando tal coyuntura, el virrey Baltazar de Zúñiga y Guzmán recibió en febrero de ese año instrucciones de España para proceder al sometimiento definitivo de esos nayaritas. En un primer paso negociado, acuerdó con el entonces gobernante Tonati, tataranieto del primer Hueytlácatl Nayarit (nombre de estos gobernantes de Huayca en Tzacaymuuta) que, a cambio de aceptar su evangelización, “los coras habían de tener paso libre para Acaponeta y Mexcaltitán a cargar sal para su provincia, sin pagar alcabala, ni otra pensión por lo que comerciasen”.

Sin embargo, tras tales acuerdos, otros jefes coras reprocharon al Nayarit Tonati el haber admitido un ingreso pacifico de soldados y misioneros, pues “no querían sujetarse ni admitir otra religión”. Así que, después de largas discusiones, los nayaritas se decidieron por la guerra en defensa de Huayca.

Los serranos tendieron una primera emboscada a los soldados novohispanos que, luego de un duro combate, debieron devolverse al hoy San Juan Peyotán; unos tres millares de nayaritas se reconcentraron en la Mesa del Tonati, fortaleza natural y templo mayor de sus dioses en su capital Tzacaymuuta; los novohispanos resolvieron esperar para organizarse mejor.

Entonces fue que, desde Zacatecas, el capitán Nicolás Escobedo, a las órdenes de don Juan Flores de San Pedro, nombrado Gobernador de una nueva Provincia de San José de Nayarit (en que se convertiría la región tras su pretendida conquista), procedió a dirigir la expedición militar para la “reducción” definitiva de dicho último atltépetl mesoamericano.

De esta manera, el 17 de enero de 1722, a las siete de la mañana, consiguió derrotar a los coras de la hoy Mesa del Nayar, pese a la heroica resistencia de sus fieros guerreros, entre los cuales el cronista jesuita Antonio Arias destacó a uno llamado Tlahuitole, y sobre quien el también jesuita Joseph Ortega igualmente escribió en 1752:

“… Se arrojó con rara agilidad por las breñas y precipicios como una fiera y empuñando un gran alfanje –espada curva– se acercó tanto que admiró a los nuestros; y aun confiesan todos que si hubieran mostrado iguales bríos ocho o diez indios que le seguían, no sólo les disputaran, sino aun les imposibilitaran el paso y la victoria… El capitán Cristóbal de Torres, advirtiendo el peligro, desde que vio precipitarse el Tlahuitole le apuntó tan certero que atravesándole con la flecha el brazo que manejaba el alfanje, le dobló y echó a tierra. Antes de que pudiera levantarse, apuntándoles otros dos de los nuestros acabaron con las balas de quitarle la vida…”

Tras esta final toma de la capital Tzacaymuuta del atltépetl de Huayca, los venerados restos mortuorios de su primer Hueytlácatl Nayarit, llamado Yca, serían incinerados en la Ciudad de México, mientras que el Hueytlácatl Tonati fue llevado preso a Guadalajara; moriría en prisión en 1725.

Tras la caída de Tzacaymuuta, unos 2588 nayaritas serranos fueron agrupados en nueve pueblos y, para asegurar la “pacificación”, también se construyeron fuertes militares a la par de las misiones jesuitas de Jesús María, Santa Gertrudis, San Francisco, Dolores, Santa Teresa, Santa Rosa y, sobre todo, de La Santísima Trinidad de la Mesa del Tonati, en la actual Mesa del Nayar.

En memoria de la resistencia nayarita a esta reducción (pues el término “conquista” se consideró reservado a los hechos del siglo XVI), hoy el nombre del guerrero Tlahuitole se encuentra inscrito con letras doradas en el Muro de Honor del Congreso del Estado de Nayarit, así nombrado desde 1865 y 1917 en honor al Hueytlácatl tatarabuelo de Tonati.

El Virrey que en 1720 recibió órdenes de España para “reducir” a los coras

El rey Nayar, tatarabuelo de Tonati, gobernante cora al momento del asalto final.