Rescate arqueológico revela ancestral culto al agua en la costa central de Nayarit

* El histórico descubrimiento revelaría algunas de las costumbres de quienes habitaron esta zona del estado entre los años 500 y 1300 después de Cristo...

Con motivo de la construcción del Canal Centenario en la costa central de Nayarit, obra monumental de infraestructura hidroagrícola a cargo de la Secretaria de la Defensa Nacional y de la CONAGUA, recientemente el Centro INAH Nayarit llevó a cabo un programa emergente de rescate arqueológico en el sitio “La Terraza”, ubicado en una parcela colindante al derecho de vía del Tramo “C” del Canal Centenario.

Este asentamiento de origen prehispánico se localiza a una distancia de 640 metros de la margen derecha del río San Pedro, sobre una terraza fluvial que topográficamente se encuentra por encima de la cota máxima de inundación de dicho río. Además, se ubica en una posición geoestratégica importante, con acceso directo a uno de los principales ejes fluviales de comunicación entre las tierras bajas inundables de la costa y la Sierra Madre Occidental.

Las excavaciones controladas tuvieron lugar en el Montículo 1, la principal estructura arquitectónica del sitio y la mejor conservada, un promontorio de base rectangular con una altura actual de 0.53 metros, cuya fachada se encontraba orientada hacia el Sur, justo hacia el cauce del río San Pedro. Los sondeos arqueológicos permitieron identificar dos etapas de ocupación en el sitio, la primera perteneciente al periodo Epiclásico y la más tardía relacionada con la cultura regional Aztatlán del periodo Postclásico, registrándose una ocupación continua por parte de la población local de alrededor de ocho siglos, entre el año 500 y el 1300 d.C.

Durante los trabajos de sondeo efectuados al interior del recinto que estuvo emplazado en la parte superior del montículo fue posible explorar y recuperar, en su contexto cultural original, cinco vasijas de barro -tres ollas, un plato y un tecomate-, recipientes que fueron colocados como ofrenda dentro del relleno constructivo del Montículo 1, por debajo de los pisos. Destaca el hallazgo de una urna funeraria sellada con un plato que funcionó como tapa, que contenía los restos de una cremación o incineración, práctica cultural que se generalizó entre la población asentada en las tierras bajas noroccidentales de Nayarit durante el periodo Epiclásico, del año 600 al 900 d.C.

Aunque fue posible documentar que el Montículo 1 fue remodelado en su etapa de ocupación más tardía, aumentando su tamaño y volumen constructivo, es importante precisar que su orientación general se conservó a través del tiempo. Los datos recuperados en campo sugieren que esta estructura funcionó como un templo vinculado con actividades rituales relacionadas con el culto al agua. A este respecto cabe precisar que tanto su fachada como la rampa frontal escalonada que daba acceso al recinto superior se encontraban orientadas directamente hacia el río San Pedro, por lo que este templo seguramente funcionó como un importante punto de visita dentro del circuito procesional regional, vinculado con el ciclo ritual anual relacionado con las deidades del agua.

El arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz, del Centro INAH Nayarit, señala que es importante recordar que dentro de esta microrregión geográfica y cultural actualmente tiene lugar la celebración, por parte de los grupos originarios del Gran Nayar (coras, huicholes, tepehuanos del sur y mexicaneros)-, de la Muuchatena o la fiesta de los San Juanitos, que el 24 de junio congrega en torno al río San Pedro a numerosos habitantes de las poblaciones autóctonas y mestizas circundantes. Dentro del ciclo ritual anual de estas comunidades esta festividad está vinculada con las deidades que propician la llegada de las lluvias, es decir, con el solsticio de verano. Al igual que el asentamiento prehispánico de “La Terraza”, el sitio sagrado de la Muuchatena se ubica justo a orillas del río San Pedro Mezquital, donde una de las principales ofrendas depositadas en el altar central de este recinto son los copos de algodón, que representan las nubes pluvíferas que propiciarán buenas lluvias y la obtención de buenas cosechas.

Con este cúmulo de datos confirmamos que el culto al agua en esta región entre las comunidades originarias del Gran Nayar constituye una de las manifestaciones contemporáneas de la continuidad cultural y plena vigencia de la compleja tradición religiosa mesoamericana, por lo que la conservación integral de estos sitios sagrados y de su entorno natural debería de ser considerada como una prioridad dentro de las políticas y líneas de acción de carácter institucional, a nivel estatal y federal.