En el Día de las Madres, un clavel rojo o uno blanco

Existía una costumbre antigua muy acendrada entre los caballeros  de portar o colocarse durante el Día de Las Madres en  la solapa cerca del corazón, un clavel  de color rojo si la madre de quien lo portaba está viva o blanco si la madre ya había fallecido.

El origen de esta costumbre procede de Estados Unidos, lugar de donde se dice, inició la bonita costumbre de festejar el Día de la Madre. Se cuenta que Anna Harvis (a quien a la postre se le asignara como la promotora de esta celebración) envió un domingo de mayo 500 claveles blancos que era la flor favorita de su mamá quien había fallecido meses atrás; el clavel era para entregarse a las mamás de cada uno de los asistentes a la congregación o capilla donde los domingos acudía su madre a misa. El color blanco representaba para Anna, la pureza y dulzura del amor que representaba la imagen materna.

Cuando la celebración se hizo popular el uso de los claveles continuó, y con la impresión que hizo una empresa de correos de una postal en donde se veía un jarrón de claveles blancos con la frase «Día de la Madre» creada por el artista James Whistler, se hizo más común regalar claveles por el Día de la Madre.

Probablemente fueron las florerías en Estados Unidos que tuvieron la idea de darle el significado a los claveles rojos para las madres vivas y claveles blanco a las fallecidas.

En México inició esta celebración desde 1922 impulsada por el periódico Excélsior, La SEP y grupos empresariales, estableciendo el 10 de mayo como su día.

Bonita costumbre para recordar a nuestras madres ya sea aquí en vida o eternamente en el cielo.