Un Jueves de Corpus, a cincuenta años del «halconazo»

Desde 1209, la Iglesia Católica celebra la presencia real del cuerpo y la sangre de Jesucristo en una festividad llamada por su nombre en latín: Corpus Christie; esta celebración no cae en una fecha permanente, es una fecha que se mueve de acuerdo a la Semana Santa, ya que se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección, por lo que el jueves después de esos sesenta días se le conoce como “Jueves de Corpus”, donde aparte de la adoración del Santísimo hay normalmente una procesión por las calles de las ciudades llevando la custodia con el mayor cuidado y fervor; reza un adagio español: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: el Jueves Santo, el jueves de Corpus y el día de la Ascensión”.

Corría el año de 1971, los templos del entonces Distrito Federal con sus campanadas invitaban a los fieles a acudir a las celebraciones esa tarde del 10 de junio que de acuerdo al calendario litúrgico de ese año correspondía a la celebración del Corpus, en las sacristías relucían las custodias más bellas que servirían como resguardo de la hostia consagrada, los acólitos aprestaban el incienso así como los albos palios y corporales que acompañaban a las casullas diamantinas.

Mientras tanto esa tarde en la residencia oficial de Los Pinos, el Presidente Luis Echeverría Álvarez tendría desde temprana hora una reunión con el titular de la Secretaría de Recursos Hidráulicos Leandro Rovirosa Wade y personal de esa Secretaría donde analizarían en forma detallada proyectos de renovación del sistema de agua potable de la Capital, en dicha reunión también estaría el regente capitalino, Alfonso Martínez Domínguez.

Por otro lado en las calles del Distrito Federal estudiantes de las dos principales casas de estudios: la UNAM y el Politécnico y unidos a ellos otra pléyade de jóvenes de diversas instituciones, después de una semana fragorosa de manifestaciones y activismo habían convocando a un mitin para adherirse a las peticiones y vejaciones que habían sufrido los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León en sus peticiones sobre paridad de oportunidades y participación de profesores y alumnos en su proyecto de Ley orgánica; este mitin partiría del Casco de Santo Tomás para de ahí dirigirse hacia el zócalo capitalino y poder externar sus opiniones y rechazo a lo ocurrido en Nuevo León, la marcha estaba programada iniciar a las cuatro de la tarde, pero ya desde pasado medio día el bullicio se hacía ver.

No se auguraba una tarde pacífica para los automovilistas de la urbe macrocéfala, ni para el transeúnte común de un jueves defeño, la manifestación estudiantil así como las procesiones de las diversas parroquias hacían pensar que se debería meditar muy bien la ruta para regresar a casa después del trabajo o para realizar alguna diligencia que faltó durante el día, pero sobre todo aún estaban frescos los rescoldos de 1968, esta manifestación hacía revivir recuerdos y sensaciones que quedaban  en carne viva dentro de la conciencia colectiva, aunque era una marcha pacífica, el Estado Mayor y el Departamento de Policía y Tránsito capitalino buscaría la forma de disuadir la marcha por convencimiento mutuo.

Mientras el Presidente con su habitual estilo de gobernar revisaba cada plano que se le presentaba de los proyectos, y en las parroquias el Pange lingua o el Tantum Ergo se escuchaba junto al sonido de campanillas y el olor a incienso que elevaba el espíritu en comunión divina, la marcha estudiantil iba creciendo por las calles de la ciudad, vigilada por las autoridades que hacían el intento cada vez mayor por convencer a aquellos estudiantes de no continuar con su cometido, después de varias cuadras al llegar a San Cosme las autoridades  les conminaron a que dejaran su objetivo y se retiraran, indicación que no fue acatada por lo que la comitiva siguió avanzando, cuentan las crónicas que cuadras más adelante para ser exactos en el cine Cosmos se habían apostado unos autobuses sin identificación y con personal en su interior, mismos que al ver que la marcha continuaba encendieron el motor y se trasladaron hacia los estudiantes; y ahí se inició lo inimaginable, de los autobuses descendieron jóvenes de complexión atlética y corte de cabello similar portando entre otras cosas sables, catanas y haciendo gala del manejo de artes marciales arremetieron contra los estudiantes que corrían o buscaban refugio en los alrededores; aquello parecía una escena sacada de las recientes películas orientales tan de boga a principios de los setentas, la situación se salió de control ya que estratégicamente en botes de basura había también armas de fuego que hicieron detonar; aquellos jóvenes avezados en las artes marciales entrenados exprofeso como grupo paramilitar de choque se le conoció como los Halcones y ese día era su presentación ante la sociedad.

Narran que en los Pinos el teléfono presidencial sonaba y el mandatario dejaba por momentos la reunión para ir a contestar a su privado, se escuchaba el uso de un tono alto de voz y dar indicaciones, pero regresaba y continuaba sin ninguna salvedad; la reunión terminó  aproximadamente como a las siete de la tarde misma hora en que aquel pandemónium violento se acallaba y el santísimo era resguardado en el Sagrario después de ser adorado.

Había ocurrido otro hecho sangriento y lamentable de nuestra historia, los heridos eran trasladados al Hospital Rubén Leñero, Cruz Roja de Ejército Nacional, a la Cruz verde, el número de muertos y heridos quedó en el mutismo presidencial y en la lápida que horas después se cerraría con la renuncia pública de Alfonso Martínez Domínguez a la Regencia capitalina, Rogelio Flores Curiel como jefe de la Policía, la desaparición del Grupo de los Halcones y el reacomodo político que logró Echeverría al desplazar con ello personajes de la órbita diazordacista que fueron hechos a un lado para dar paso a este estilo personal de gobernar tal como lo titulara Daniel Cosío Villegas.

El “Halconazo” un Jueves de Corpus sangriento, un estigma clavada en la carne del pueblo de México, donde el expresidente se desligó totalmente de los hechos, nunca se aclaró nada de la misma, ni fue llevada ante la justicia, en 2009 fue exonerado de cualquier cargo y delitos de genocidio.