Una dramática historia por oxígeno y hospital para enfermo de coronavirus, que finalmente murió

Imagen de Michel Zamora
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“¿Muchas personas por qué no se cuidan?, ¿por qué no creen?, ¿por qué siguen haciendo fiestas?”

Así se escuchan las preguntas, cargadas de un tono de angustia de quien ha perdido a un familiar por Covid-19 y que revive para este espacio la desesperación, primero por encontrar un tanque de oxígeno y luego para recargarlo, o a la búsqueda de espacio en un hospital, puesto que la demanda ha aumentado durante la pandemia.

Sin necesidad de identificar nombres o la ubicación donde se desarrolló este caso en Nayarit, lo cierto es que podríamos encontrarla en Tepic o en cualquier municipio.

Aquí se describe a un adulto con síntomas de coronavirus y que en un tiempo relativamente corto empezó a necesitar oxígeno.

Los familiares pudieron conseguir un tanque pequeño, con capacidad para unas horas, pero el asunto era cómo hacer para recargarlo.

La dramática historia mueve a lo que pareciera impensable: contactar a familiares y amistades que viven en otro estado del país para saber si allá tendrían acceso a un tanque de oxígeno y, efectivamente, en unas horas un tanque viene en camino. Es un viaje largo para traerlo.

Sin embargo, la angustia persiste por las dificultades de recarga. El virus se encuentra en una persona que está en casa, que no es derechohabiente del Seguro Social o el ISSSTE.

Coincidentemente, en la misma población muere una persona a causa de una enfermedad diversa, que tenía tanque de oxígeno, y el mismo se facilita para el enfermo de coronavirus, pero otra vez hay que rellenarlo. Uno de los familiares viaja hasta Guadalajara y consigue regresar con el tanque lleno.

Los días transcurren y la situación se agrava; disminuye en el enfermo el nivel de oxígeno.

La preocupación ya no es sólo para recargar el tanque, sino para encontrar cabida en un hospital; no la hay en el ubicado en el municipio donde transcurre este caso.

Se busca en Tepic y el resultado es el mismo. Las áreas de Covid-19 están llenas.

La oxigenación sigue cayendo.

Aunque no se trata de familia de sobrados recursos, se toma la decisión de intentar un traslado fuera del Estado, lo que da forma, aunque ahora hay que conseguir una ambulancia, y aquí otra demora.

El enfermo de Covid-19 finalmente muere.

Al poderoso virus le bastaron unos días para cobrar una víctima más.

Cuando más tarde el cadáver fue llevado a una funeraria cumpliendo con el debido protocolo, se cuestionó a la familia a qué hora sería la sepultura para que el traslado del cuerpo fuera directo al panteón.

No hay velación. No hay misa. No hay abrazos.

“Es una tristeza lo que está pasando, una frustración, batallando para conseguir oxígeno o para encontrar una cama en un hospital. Una tristeza por la muerte sin duelo. Y todavía hay mucha gente que no cree que el virus sea cierto o que se niega a usar cubrebocas, o siguen reuniéndose para hacer fiestas”, comenta un familiar cercano a este suceso.

El Covid-19 provocó que otros parientes tuvieran contagio, afortunadamente sin gravedad.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com