Los videos: no hay diferencia

Cuando fueron grabados los videos que se divulgaron recientemente, respecto a entregas de dinero en círculos políticos, quienes lo hicieron pretendían tener poder sobre los involucrados.

Seguramente gozaron al revisar el contenido.

No se trata de videos o conversaciones entre amigos, sino de cómplices, y que muestra la transa, la corrupción, la facilidad con que partidos y personajes de la política pueden hacerse de dinero, que lo mismo pudieron ser desviados desde instituciones públicas, o tener cualquier otro origen.

En uno de los videos, sobre el caso PÉMEX-Emilio Lozoya, se ven pacas de billetes introducidos a una maleta y entregados a funcionarios legislativos vinculados al PAN. En otros aparecen Pío López Obrador, hermano del presidente Andrés Manuel, hablando y recibiendo dinero de David León, aparentemente en el 2015.

Si en el primero se advierte un entorno de oficina, de vestir de traje, impresionantes pacas, y un equipo de grabación colocado al parecer entre las ropas de quien entrega el dinero, en los otros el escenario es más rústico, con dinero en menor cantidad y en bolsas similares a las que se usaban para llevar bolillo.

Pero uno y otros significan lo mismo. No hay diferencia.

Quienes grabaron buscaban acumular poder por tratarse de un asunto ilícito para, en un futuro, presionar sobre quien recibía.

Y eso es justo lo que ha sucedido respecto a Lozoya, aunque, aparentemente en el caso de Pío, se salió de control.

De otra forma no hubiera tenido sentido preparar las grabaciones.

Si se tratara de recursos transparentes, la entrega no hubiera sido así, sino a través de mecanismos legales.

En el video de los ex funcionarios legislativos, se deduce que cumplían órdenes de recibir el efectivo; ellos no representaban ningún voto para aprobar las reformas.

Y en el caso de Pío López y David León, si supuestamente se trató de recursos aportados por ciudadanos para MORENA, no puede aceptarse que sea real, con entregas en diverso lugar, sin conocimiento de autoridades.

No.

Se trata de videos de extorsionadores. Muestran la corrupción política que va más allá de los partidos, y más bien retrata a una generación de personajes que se viene arrastrando durante décadas y que sucumbe ante el dinero.

 

Con un país donde el narcotráfico ha alcanzado un avasallador poder, estos videos sólo confirman la facilidad con que la delincuencia, a la hora que quiera, podría financiar campañas políticas. Y no es que en estos casos ése sea el origen, sino que ante el escándalo no hay justificación que valga.

Entre el video atribuido a Lozoya y la denuncia en la Fiscalía General, le ha alcanzado para enredar a numerosos personajes y enfrentar su juicio en libertad, mientras que el de Pío empata la situación: ahora todos están en el lodo.

Lo que sí, es que el tema de los videos ha medio distraído a la opinión pública de los ya más de 60 mil muertos por coronavirus.

 

 

Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com