Cuando el coronavirus se entromete en el duelo

Mientras escucho la voz por teléfono, encuentro la escena en una mañana rumbo al panteón: aunque la persona fallecida es apreciada, de familia numerosa y muchas amistades, muy pocos acompañan la sepultura.

Todos lo entienden.

El implacable coronavirus se entromete en el duelo: no permite abrazar a los hijos y demás cercanos. No deja estar juntos. Algunas veces no es posible la velación, tampoco una misa de cuerpo presente.

Son tiempos en que pareciera que cada quien llora por separado.

La persona que me cuenta, en edad vulnerable frente al Covid-19, viaja en vehículo acompañado de su esposa y otro familiar. Están conscientes que no deben ingresar al panteón, mucho menos acercarse a la tumba, pero buscan la manera de acompañar lo más posible al entrañable ser que ha muerto.

Y mientras la carroza gira para entrar finalmente al camposanto, el otro carro avanza unos metros más y después da reversa.

A la distancia, un último adiós con un movimiento de manos que lo dicen todo: descansa en paz, hermano.

La ausencia del necesario duelo, la falta de abrazos, hace más pesada la carga. Y el dolor, inmenso.

 

A estas alturas, con todo el año de oír sobre el coronavirus, los números se han vuelto cada vez más fríos.

Si a la fecha en Nayarit suman 513 personas oficialmente fallecidas por Covid-19, bien podrían ser otras 500 y el impacto sería similar: una sorpresa momentánea para la mayoría, frente al dolor de una familia y amigos.

Hemos sabido no sólo de cientos de muertes, sino de miles de contagiados, la mayoría de los cuales han guardado cuarentena en sus casas y otros requerido de tanque de oxígeno, un tema de carencia.

 

Hay veces que las letras de una nota son como insoportables intrusas. Eso pasa con el coronavirus.

La historia puede estar ahí para ser contada y alertar lo que desencadenó tal o cual reunión, o la falta de distancia de alguien que ya traía los síntomas y contagió a más, sin embargo esos casos necesitan de la buena voluntad de algún involucrado para que, al menos un sector de la población, siga tomando las debidas precauciones.

 

El tres de agosto, en las áreas administrativas de los Servicios de Salud del Estado, regresó a trabajar a oficina una buena parte del personal que estuvo laborando desde casa por diversa situación de vulnerabilidad.

Según se cuenta, hay sitios que se han vuelto de alto riesgo porque no se atiende la llamada “sana distancia”.

La semana pasada, al menos cuatro empleados de Salud Reproductiva habrían resultado positivos al virus y ahora guardan cuarentena en casa. Sin embargo, no se habría autorizado descanso a otros trabajadores aunque tuvieron contacto con los primeros. El temor de contagio es latente.

Se confirma que hay una escasez para realizar pruebas de Covid-19:

“Somos de casa y tampoco nos hacen la prueba”, indica un trabajador consultado que, dijo saber, habría más contagios en el área de Epidemiología.

 

 

 Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com