Ramón Villegas, trabajador y auténtico, lo hizo ser el mejor vendedor de periódicos

* “Diario me levantaba a las tres de la mañana y salía a buscar raite, y si no encontraba me venía caminando”, desde Bellavista.

Entre las muchas cosas que podrían escribirse de Ramón Villegas Herrera, es que fue un hombre trabajador y auténtico.

Ramón ha muerto esta madrugada, a los 63 años, más de la mitad de ellos dedicado a la venta de periódicos, especialmente en la esquina de las avenidas Insurgentes y México en Tepic.

Muchas generaciones hemos reconocido su peculiar estilo. Ramón bromeaba con los periódicos que vendía. Los chiflaba y cantaba: “eeeel mariguano, eeeel mitotero, eeeel piernográfico, eeeel vulgaridades”…

En octubre del 2013 contó a este reportero, a propósito de una nota publicada, de sus primeros años como vendedor de periódicos, nada fácil puesto que vivía en Bellavista:
“Diario me levantaba a las tres de la mañana y salía a buscar raite, y si no encontraba me venía caminando. Son alrededor de siete kilómetros y llegaba como en una hora”.

Las anteriores líneas retratan su esfuerzo que lo llevaron a ser el mejor.
No podía ser de otra forma.

Ramón Villegas después pudo comprarse una bicicleta y luego una moto. Adquirió una casa en el INFONAVIT Los Sauces, pero no por ello dejó de madrugar, sino al contrario.
En noviembre del 2014, al escribir nuevamente de él por una decaída en la salud que lo alejó unas semanas de Insurgentes y México, señaló:

“El despertador lo pongo a las tres, pero para cuando suena yo ya me estoy lavando los dientes.

“Trato de llevármela bien con todos, de hacer bromas sanas. Nunca falto a mi trabajo, no me gusta ser informal y ya acostumbré a mucha gente a entregarles el periódico en sus casas”.

Hace veintitantos años, para quienes escribíamos la nota policiaca en Meridiano, la opinión de Ramón Villegas era como un termómetro: precisaba si a tal nota le había faltado algo más, o bien reconocía si el trabajo periodístico fue completo.

Si el paso a desnivel de Insurgentes y México mermó sus ventas, y no se diga la información por Internet, siguió buscando lectores de periódicos: se daba una vuelta por la Alameda, se internaba con las colonias San Antonio, Menchaca, Ciudad del Valle, hasta llegar a la central camionera.
Cerca de las tres de la tarde concluía su jornada.

En Ramón Villegas emerge un personaje original que se gana un espacio a pulso, sin proponérselo siquiera. Una aceptación general en lo auténtico. No es alguien que a la fuerza o con discursos haya pretendido un reconocimiento, sino con lo más simple que ha sido su trabajo diario, muchas veces con lluvia, y no pocas soportando un padecimiento físico.
Personaje de nuestro tiempo.
Que descanse en paz.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com