Le atropellan su carrito de camotes y herramienta de trabajo; pide ayuda para repararlo

Coche "fantasma" le dañó su carrito con el que sostenía a su familia...

El silbido de un carrito de plátanos y camotes asados suena triste al llegar la media noche en la colonia Infonavit Los Fresnos; es domingo y se percibe un olor a vapor dulce, a leña, a fuego, a plátanos y a ceniza, mientras Don Adrián apenas puede levantarse del suelo porque un coche lo embistió y destruyó en medio con el que gana su sustento diario.

Desde hace 30 años, don Adrián Aldaco Casillas se dedica a recorrer por las noches las calles de Tepic para ofrecer este tradicional postre que no necesita anuncio, porque su pitido es inconfundible desde antaño; todos los días camina la ciudad y nunca desde sus 20 años había tenido un accidente hasta hace dos días.

Cuenta que iba empujando su máquina por la calle Ixtlán, de Infonavit Los fresnos, cuando de repente pasó un coche a toda velocidad y lo aventó tan fuerte que no pudo pararse para apuntar las placas o algo para identificar al conductor que destruyó por completo el carrito platanero.

«Ya iban a ser las 12 cuando me arrolló un vehículo que iba a exceso de velocidad, me desbarató el carro por completo, no me fijé nada de él porque me alcanzó a golpear a mí; nunca me había pasado en todo el tiempo que llevo vendiendo», dijo el hombre.

A través de Facebook, don Adrián, vecino de la Colonia Oriental, se ha dedicado a mostrar su desgracia para solicitar ayuda y conseguir modo de seguir trabajando, por lo que ofrece un número telefónico para contactarlo: 3111472958; y una cuenta bancaria de una tienda de conveniencia: 4766841584777299.

«A quién me atropelló sin intención, apelo a su buen sentimiento, para que me pueda echar la mano en la reparación de mi herramienta de trabajo, ya que es mi único medio para ganar el sustento de cada día y dar a mi familia lo que necesita», publicó.

La situación económica de Don Andrián Aldaco se ha visto afectada -al igual que la de otras personas- a partir de la contingencia sanitaria por el COVID-19, porque han bajado sus ventas y las personas ya no salen a comprar sus postres.

La ciudad se escucha más silencia que de costumbre, y así seguirá en lo que se repara o se consigue un nuevo carrito de los camotes, un «trenecito» que venga silbando a mitad de la noche por nuestra ahora lluviosa ciudad.