El joven chef de la Universidad Tecnológica: “por coronavirus tuve 41 grados, hablar me agitaba”

Carlos Eduardo soportó fiebre, tos, agotamiento durante 13 días; ahora será donador de sangre para ayudar a otros enfermos.

Este sábado, Carlos Eduardo Delgado Álvarez, licenciado en Gastronomía por la Universidad Tecnológica (UT), público por redes sociales que padeció el coronavirus Covid-19.

Chef de un hotel en Puerto Vallarta –actualmente cerrado por la contingencia-, el viernes 22 pudo regresar con su familia en Tepic, dado que no sólo estuvo en cuarentena durante la enfermedad, sino que cumplió otras tres semanas aislado por sugerencia médica.

Accesible, localizado por teléfono, Carlos Eduardo explica que la noche del sábado 18 de abril tuvo los primeros síntomas: una fiebre que atribuyó a que, horas antes, se bañó en un arroyo en un paseo familiar, rumbo a Talpa.

Empezó a tomar Paracetamol.

El 19 de abril regresó a Vallarta. Fue a un cajero, estuvo en un Walmart. La fiebre aumentó, con escalofrío.

Para el lunes 20 empezó con una tos y decidió ver a un médico particular que, consideró, tenía una infección de anginas. Le dio tratamiento, sin embargo el cuadro se volvió más intenso:

“Me sentía mal. Me agitaba hasta para ir de la cama al baño. Era como si estuviera jugando futbol e hiciera un gran esfuerzo. Tenía un termómetro y la temperatura era de 38 grados.”

Desesperado, acudió a una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS): respondió un extenso cuestionario, le sacaron sangre, le tomaron una radiografía de los pulmones. Cuenta que lo inyectaron para estabilizarlo y recibió oxígeno “porque me hacía falta aire.”

Un doctor le dijo que lo suyo era neumonía, no Covid-19. Regresó a casa –vive con una tía-, pero el tratamiento lo hacía sentir mejor durante breves espacios.

De 25 años, Carlos Eduardo reconoce que en esos días una epidemióloga del IMSS se comunicaba dos veces al día para verificar su estado, especialmente la temperatura:

“Me decía que si la fiebre aumentaba o me sentía mal no lo pensara: ‘tú vente, vente.’”

Para el lunes 27 “me puse muy mal. La fiebre era de 41 grados y tenía mucha tos. Ya no podía acomodarme en la cama.”

Fue nuevamente a la clínica 170 del Seguro Social, donde tres médicos lo valoraron:

“Me inyectaron porque traía la presión muy elevada; otra vez tuve oxígeno. No se me controlaba la respiración, estaba muy agitado. Entonces me hicieron la prueba del Covid. Yo estaba muy nervioso. Me llevaron en ambulancia a un hospital grande del Seguro Social. Ya batallaba hasta para hablar porque me agitaba mucho.”

Acá fue atendido por una doctora de guardia que habló con él para relajarlo:

‘Cálmate, cálmate, relájate, no podemos inyectarte otra vez’ –le decía-.

De acuerdo con el profesionista, también egresado del CETIS 100, la explicación de la doctora logró  tranquilizarlo: le dijo que ya habían pasado nueve días desde que inició la fiebre y, consideró, si estuviera en una situación de extrema gravedad, ya habría sido intubado:

‘Tú ya vas de salida, si te dejamos internado puede ser peor’ –sugirió-.

Aunque aquel lunes fue el día más intenso, regresó a casa emocionalmente mejor, para seguir aislado, en cuarentena.

La mañana del martes 28, la epidemióloga le avisó que había dado positivo al coronavirus. Debía extremar el aislamiento. Por correo electrónico le enviaron información para que tomara todo tipo de precauciones, igual su tía y una hija de ésta.

Y así como lo pronosticó la doctora de la clínica más grande, el 30 de abril fue el último día que tuvo fiebre; es decir, 13 días totales con los síntomas:

“En esos días no tenía hambre, perdí mucha masa.”

Mientras tanto, los padres y hermanos de Carlos seguían en Tepic. Sería riesgoso que intentaran verlo:

“Estuve tomando puro Paracetamol y mucha agua, de guayaba, limón, naranja. Vitamina C. Tomaba suero.”

Debido al fuerte impacto en el cuerpo, se le sugirió que estuviera otras tres semanas en cuarentena. Este viernes se le autorizó salir y se vino a Tepic para estar con su familia. Regresará a Vallarta en unos días, para estar listo en caso de que la hotelería reinicie trabajos en junio.

Ahora espera que el IMSS lo llame porque aceptó ser donador de sangre para ayudar a otros enfermos.

El joven chef confiesa que era incrédulo respecto al coronavirus. Si bien se cuidaba, no lo hacía apropiadamente:

“Mi estilo de vida cambió totalmente. Ahora traigo gel antibacterial y cubrebocas. Desinfectamos todo lo que compramos en la tienda. Nadie entra a nuestra casa. Me lavó los brazos hasta los codos. La higiene es algo que todos debemos mejorar.”

Aunque es joven y tenía tiempo ejercitándose en gimnasios, reflexiona cómo es que el Covid-19 puede ensañarse con personas de mayor edad y que enfrentan padecimientos crónicos.

La tarde del sábado, Carlos Eduardo decidió hacer público su caso, después de que al circular por el centro de Tepic vio mucha gente en las calles.

Su relato es una alerta para que las personas se cuiden y se queden en casa el mayor tiempo posible.

 

 

 Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com