La Comunidad Científica en México, parte de un Check-List en medio de una Pandemia

Corría el invierno de 2012 cuando, a través de un apoyo por parte de la Unión Europea, llegué a la Universidad de Córdoba Argentina, para realizar una estancia de investigación de 2 meses. Sin estar en el primer mundo, inmediatamente noté ciertas diferencias entre la organización científica argentina y la mexicana.

La más notable quizá fue la incorporación de los investigadores CONICET en la universidad, sin ser propiamente parte de ella; algo que el CONACyT trató de hacer muy recientemente en México y no llegó a buen puerto.

Estas líneas, sólo son una reflexión del peso de la comunidad científica en nuestro país. Lo anterior vino a mi mente, porque hoy me enteré que el 10 de Abril, en aquel hermoso país latinoamericano, se celebra oficialmente el “Día del Investigador Científico”. Quiero dejar claro, que no se trata de un asunto de felicitación, se trata de un asunto de valoración de la actividad científica. 

Mientras en Alemania y Japón (sólo por citar dos ejemplos), la ciencia es un asunto prioritario y hasta de seguridad nacional, en México históricamente la ciencia es sólo parte de un indicador de desarrollo, en el cual se invierte menos del 1% de PIB (infringiendo incluso nuestra propia ley). Y alguien diría, pero no somos Alemania. Efectivamente, no somos un país de primer mundo, pero países como Brasil y Argentina, invierten más y valoran mucho más su ciencia, prueba de esto son los cuatro Premios Nobel que han recibido diferentes científicos argentinos, mientras que sólo en una ocasión, este máximo galardón lo ha recibido un compatriota (excluyendo los Premios Nobel de la Paz).

Lo más preocupante, es que esta situación no se ve cómo pueda cambiar. Pues mientras en sexenios anteriores, la ciencia mexicana era vista sólo como un indicador de competitividad (parte solo de un checklist), en el sexenio actual, la cosa pinta peor. Prueba de esto es que por instrucciones dictadas desde Palacio Nacional, se ha arremetido contra organismos consultores descentralizados en materia de ciencia (foro consultivo, academias científicas, etc) y hace apenas una semana, se borraron por decreto los fondos mixtos estatales de ciencia, argumentando corrupción, argumento por el cual no metería las manos al fuego, pero en lugar de “limpiarlos” simplemente los eliminaron, siendo que ésta era una de las estrategias más efectivas de descentralización de la ciencia en nuestro país.

Por si fuera poco, otro gran problema, por todos conocidos es la fuga de cerebros de México, y es que de verdad en ocasiones es desalentador tratar de hacer ciencia de frontera desde nuestro país.

Trayendo nuevamente a colación el pretexto de estas líneas, mientras que en otros países celebran el día del investigador científico, aquí nos han etiquetado recientemente de “FIFIS”, de sólo ir a congresos científicos para hacer “turismo científico” y otras etiquetas peyorativas más. Es decir, ya no es un asunto de presupuesto económico, ya es hasta motivacional.

Sin embargo, estoy seguro que la comunidad científica mexicana saldrá adelante y seguiremos trabajando por el bien de nuestro país. Porque ser científico no es un asunto de salario o reconocimiento, es un asunto de convicción y vocación. La gran mayoría de nosotros trabajamos mucho más de lo que marca la ley federal del trabajo, aunque no nos paguen, simplemente por gusto y vocación. Porque la ciencia para muchos de nosotros, no es un trabajo, es una filosofía de vida.

Salud y Felicidades a mis colegas y amigos argentinos, hoy trataré de tomar un buen Malbec o tequila, mientras pienso que las cosas pueden cambiar en México.

Por: Dr. Manuel Iván Girón Pérez, Investigador de la Universidad Autónoma de Nayarit, miembro de las academias Mexicana de Ciencias A.C. y Nacional de Medicina de México A.C.