¡Yo soy la víctima…!

Un tema muy delicado, sensible, sobre el acoso sexual.

A partir de los años en que se desbordó la criminalidad en muchas partes del estado, con numerosas matanzas, las organizaciones delictivas no sólo dejaron constancia de su sello, sino que abrieron camino para que otras personas los imitaran: matar al estilo de los narcos –colgando a sus víctimas, amordazando, con el tiro de gracia, haciendo pedazos, quitando la piel- equivaldría a desviar la investigación.

Pero además, se presentó otro efecto inmediato: la opinión pública dedujo por su cuenta que la víctima de esos homicidios tuvo relación con grupos criminales; es decir, si te matan así, es porque eres narco.

Se daba una justificación a los asesinos, por encima de los fallecidos. 

Y no es que no hayan muerto individuos vinculados a esos grupos, por supuesto que sí, pero se aprendió lo más fácil: a encontrar -e inventar- una relación del caído con mil cosas: que si se trataba de un distribuidor de droga, o ‘halcón’, o hermano o papá o tío o hijo o primo, o el contador o el doctor o el mecánico o el abogado de esas organizaciones. Algo, siempre algo para relacionar las muertes, aunque se haya abatido a muchos inocentes, incluidos niños. 

Un tema muy delicado, sensible.

Los llamados “tendederos” que a partir del domingo ocho se colocaron en la plaza Principal de Tepic, en la Universidad Tecnológica (UT) y, este miércoles, en la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), para identificar a maestros acosadores sexuales de alumnas, ya tienen, de entrada, un efecto seguro: quien sí haya actuado de esa manera, se la pensará dos veces para incurrir de nuevo porque lo que sigue es, seguramente, la denuncia penal.

Hay que dar por hecho que el movimiento de mujeres no parará con el tendedero, esas hojas blancas con un nombre y alguna frase. 

La UT, la UAN y otras instituciones de educación, tendrán que aplicar medidas para desaparecer el acoso.

Sin embargo, cabe advertir que, igual como en las matanzas ya ejemplificadas, se corre el riesgo de que, desde la denuncia anónima, se incluya en la lista negra a docentes que no hayan faltado el respeto a ninguna estudiante.

Asegurar que es acosador el que ha sido incluido en estos tendederos suena fuerte, pero también fácil. Al rato puede estar ahí el nombre de cualquier persona, hombre o mujer, como se llegó a deducir que eran narcos los que presentaron el tiro de gracia.

Cientos o miles se han volcado para leer los nombres anotados en esas hojas. El golpe seco ya está: ante la opinión pública, eres acosador, así, a rajatabla, sin posibilidad de defensa.

Durante la mañana del pasado 26 de febrero, una joven mujer caminó apresurada por uno de los pasillos del Centro Regional de Justicia Penal, en Tepic. Puesto que no traía gafete a la vista, uno de los policías la atajó:

– ¡Yo soy la víctima! –exclamó, visiblemente nerviosa. Entonces fue orientada para que encontrara la sala de audiencias de su asunto. Una víctima ingresa sin gafete-.

La situación de esta mujer hoy cobra mayor relevancia: ella fue más allá que a un tendedero, puesto que presentó una denuncia en la Fiscalía General del Estado (FGE) y generó la apertura de una causa penal en contra de Carlos Fidel Castro Pimienta, ex titular de la Secretaría Administrativa de la Universidad Politécnica del Estado Nayarit (UPEN), a quien, unos días después, un juez de control le dictó auto de vinculación a proceso por el delito de atentados al pudor, lo que no prejuzga sobre su probable responsabilidad; el imputado está en derecho de defenderse. 

La joven, que ha asistido a dos audiencias y permanecido a unos metros del sujeto, ha descrito un acoso insistente, durante un lapso de tiempo, hasta que puso al tanto de la situación a superiores, tanto de la UT como de la UPEN, y luego recurrió a la Fiscalía.

Una denuncia considera ubicar fechas, horas, testigos, mensajes, grabaciones, cualquier dato que sirva para fortalecer una imputación, y por supuesto dar la cara. 

Resulta entendible que muchas jóvenes hayan optado por el anonimato para citar su caso en un  tendedero. El siguiente paso será, con seguridad, la denuncia formal.

El caso de la joven que llevó su asunto a las autoridades está en etapa de investigación complementaria. 

Su situación, hoy, es relevante. Lleva un paso adelante. 

 

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com