Realizan estudio arqueológico a 12,300 artefactos de obsidiana en Nayarit

Este análisis constituye el estudio más completo de una muestra de artefactos de obsidiana en la arqueología del Occidente de México

En Mesoamérica, la obsidiana fue un material privilegiado para la producción de diversas herramientas debido a sus ventajas funcionales, en comparación con otros tipos de roca. Es fácil de astillar y crea bordes extremadamente afilados cuando se rompe, lo que le confiere a este vidrio volcánico propiedades excepcionales para la manufactura de una gran diversidad de objetos de carácter utilitario.

Recientemente, el Dr. Daniel Pierce (Université Bordeaux Montaigne/Burdeos, Francia) llevó a cabo el análisis de más de 12,000 artefactos de obsidiana -incluyendo lascas, navajas, navajillas prismáticas, núcleos y desechos de talla- procedentes de cinco de los principales centros rectores de la zona nuclear costera Aztatlán de Nayarit -San Felipe Aztatán, Chacalilla, Coamiles, Amapa y Peñitas-, cuando trabajaba en el Laboratorio de Arqueometría de la Universidad Missouri (MURR), en los Estados Unidos. El objetivo de la investigación del Dr. Pierce se centró en la reconstrucción de los patrones de distribución de la obsidiana al interior de las principales capitales regionales de la cultura Aztatlán (850/900-1350 d.C.), a partir de la identificación de los yacimientos que fueron explotados a través del tiempo. A la fecha, este análisis constituye el estudio más exhaustivo de una muestra de artefactos de obsidiana en la arqueología del Occidente de México.

Los resultados preliminares de su estudio -que conllevó el análisis macroscópico de las muestras, así como su estudio geoquímico y el análisis geoespacial de los datos- indican que durante el periodo Postclásico tanto el acceso como el consumo diferencial de este importante recurso estratégico reforzaron internamente la estructura jerárquica de los grupos de elite, legitimando su posición social y su papel en el control y distribución de bienes de prestigio, como la obsidiana procedente del altiplano central de México (Sierra de las Navajas, Hidalgo) o la que fue importada de las cuencas lacustres del altiplano jalisciense hacia la planicie costera.

Para realizar su estudio, el Dr. Pierce utilizó un espectrómetro portátil de fluorescencia de rayos X (pXRF, por sus siglas en inglés). La fluorescencia de rayos X es una técnica analítica geoquímica que ha probado ser de gran utilidad en el estudio e identificación de fuentes (yacimientos) específicos de obsidiana en todo el mundo. Esta técnica consiste en exponer una muestra a una emisión controlada de rayos X para provocar reacciones atómicas que emiten protones en magnitudes energéticas conocidas, distintivas para cada elemento constitutivo de la muestra. De esta manera, la radiación emitida proporciona lecturas diagnósticas de los elementos químicos presentes en dicha muestra. Con este método, elementos como el Hierro (Fe), Estroncio (Sr), Rubidio (Rb), Iterbio (Yb), Circonio (Zr), Niobio (Nb) y Torio (Th) son muy útiles para identificar la fuente geológica específica de obtención de la obsidiana, información de gran relevancia para determinar las rutas de comercio y distribución que fueron establecidas entre la población de las tierras bajas noroccidentales de Nayarit y las asentadas en los valles intermontanos del altiplano meridional de Nayarit y Jalisco.

Finalmente, los resultados obtenidos fueron comparados con la base geoquímica de datos de las 25 fuentes de obsidiana actualmente conocidas para el Occidente de México, desarrollada por el Reactor de Investigación de la Universidad de Missouri (MURR). Los resultados del estudio permitieron identificar catorce (14) yacimientos de obsidiana -dos ubicados en el estado de Nayarit y doce en el altiplano jalisciense- que fueron utilizados selectivamente por la población asentada en la zona nuclear costera Aztatlán durante los periodos Clásico y Postclásico.

El arqueólogo Mauricio Garduño Ambriz (Centro INAH Nayarit), colaborador del Dr. Pierce y responsable del proyecto arqueológico en el Cerro de Coamiles, señaló que todas las muestras analizadas proceden de contextos controlados de excavación, por lo que su estudio aportará valiosos datos para comprender los significativos cambios económicos y sociales que tuvieron lugar entre el periodo Epiclásico y el Postclásico Temprano en las tierras bajas noroccidentales de Nayarit.

“La cristalización del complejo cultural Aztatlán (850/900-1350 d.C.) hacia finales del Epiclásico conllevó un importante reordenamiento territorial de los centros rectores en la región, así como la ampliación de las redes de intercambio a larga distancia y la adopción de complejos patrones arquitectónicos e iconográficos que fueron compartidos por las elites locales”, señaló el investigador.