Espectros recorren el panteón Hidalgo en busca de quién crea en ellos

Checa las historias que se cuentan del cementerio...

Los lugares o edificios antiguos esconden un sin fin de historias y sucesos que pueden llegar a ser escalofriantes…

Los panteones, son los nidos de todas aquellas almas que están entre nosotros porque aún tienen asuntos pendientes y se llegan a mezclar con quienes aún vivimos…

Héctor Flores Yáñez, es mozo del panteón Hidalgo y ha sido testigo de todos aquellos que aún no saben que ya no pertenecen a esta vida y que siguen rondando los pasillos en busca de algo… o de alguien.

Mi padre, en paz descanse, dice que vio una vez una señora que lo venía siguiendo y de repente se le desapareció y yo, sentir pues una vez escalofríos aquí del otro lado de la iglesia, pero no, no me tocó ver nada, estaba trabajando pero estaba el panteón cerrado, ya era en estas fechas, iban a dar como las 7 de la noche y estaba recogiendo la herramienta cuando me llegó un aire helado así que se me erizó toda la piel, no vi nada y tampoco me quise esperar a ver, mejor me fui” relata.

Y es que quienes trabajan en cementerios, saben que existen seres que ya no están entre nosotros, pero que se aferran a seguir haciendo de las suyas.

Hay un compañero que se quedó aquí encerrado y se quedó al pie de la iglesia que de repente empezó a escuchar que aventaban las bancas y todo, se quisieron asomar pero se oyeron más recio y salieron. Se fueron corriendo”, cuenta Héctor.

También una vez unas señoras venían un jueves llegaron como a las 12 del día a la oficina a preguntar qué a qué hora iba a ser la misa y les dijeron que no, que la misa eran los domingos de 10 a 11 y dicen  “ah es que como estaban cantando las monjitas, pensamos que iban a ser ahorita” pero no había nadie, me mandaron a ver pero nomás llegue al arco y no vi dije: no se ve nadie”…

De estas historias están llenos los panteones, gente que ve y no es nadie, gente que respira detrás de ti o sigue tus pasos, pero no tienen sombra, seres que de alguna manera no saben que ya no pertenecen aquí pero aún conviven con nosotros…

 

¿Y tú, has vivido algo similar?

 

Con imágenes de Javier Villaseñor