Así fue el vuelo presidencial a Tepic: entre el canto de Paloma y el fallido aterrizaje

AL LOGRAR EL ATERRIZAJE EXITOSO en la pista del aeropuerto de Tepic, el piloto de Volaris sintió el efímero pero incomparable placer de la fama: los aplausos.

Pese a sus muchas horas de vuelo, el capitán experimentó al medio día cierto peso cuando comenzó a repasar su hoja de verificación al despegar la nave en la Ciudad de México con destino a Tepic. No era para menos: el pasajero del asiento 12F era el mismísimo Presidente de México.

El por dos horas avión presidencial registró en tres ocasiones los aplausos espontáneos de los pasajeros. Los primeros dos, para la mujer que compuso e interpretó una parodia del Corrido de Nayarit dedicada a Andrés Manuel López Obrador; el tercero, para el piloto que logró en segundo intento el aterrizaje en la matria (femenino de patria) de Amado Nervo, a quien venía a honrar el Presidente.

El cinturón abrochado, sujeta a su asiento 8C, Paloma, 66 años, maestra jubilada, escribía en el reverso de su pase de abordar. Apenas pasó el carrito de las azafatas con gaseosas de $45 y cervezas a $75, se levantó y sin decir agua va, empezó a cantar, entonada, nerviosa, a Andrés Manuel, la parodia del Corrido de Nayarit.

Poco a poco fue alcanzando notas más altas: “… la gente lo aclama, lo sigue y respeta porque no queremos ya más corrupción. Obrador es un gran Presidente y con nuestro apoyo siempre va a contar, sí señor. Le manifestamos que lo acompañaremos para que usted logre la transformación”.

“Gracias, amor”, le dijo a Paloma el pasajero del 12F. Luego los aplausos.

Paloma, contaría después a un presunto reportero, había cantado al gobernador Emilio González. “Fue un gobernador que hizo mucho también”, le explicó.

“Soy Paloma. Es mi nombre artístico. Me llamo Candelaria, pero no me gusta mi nombre”, le dijo a otro que en cuclillas la entrevistó. Paloma no dijo que fue maestra de escuelas primarias con nombres de generales.

Estaba a punto de hacerse famosa en las redes por haber cantado al presidente a diez mil metros de altura.

Quiso ver cómo había grabado su hija la interpretación. “No alcancé a grabar todo”, le confesó.

“Graba completo”, pidió, y volvió a cantar en su asiento para el celular. De nuevo otros aplausos.

A los pocos minutos muchos despertaron cuando el tren de aterrizaje tocó la pista. Observé a la pasajera a mi lado santiguarse. En automático abrimos los celulares. No percibimos que el piloto dio motor y volvimos al aire. Explicó a los pasajeros con palabras comprensibles que se trataba de un aterrizaje frustrado por vientos inestables, que tardaríamos unos cinco minutos sobrevolando y que luego haríamos el aterrizaje definitivo.

Tocamos de nuevo la pista unos 18 ó 20 minutos después. No percibí el nerviosismo de los pasajeros, al menos los más próximos. En tierra firme, al observar la maniobra de regreso al aire del por dos horas avión presidencial muchos especularon sobre una posible falla técnica. Hubo preocupación, al grado de que tal versión se propagó a nivel nacional.

El Presidente, su esposa y los pasajeros que viajamos con ellos aterrizamos sanos y salvos. Terceros aplausos. Para el piloto.

López Obrador descendió del avión de la aerolínea de bajo costo como cualquiera del resto de los pasajeros.

También como cualquier otro familiar de pasajero, el gobernador Antonio Echevarría García recibió al Presidente de la República.

En la Ciudad de México, en la sala de espera el Presidente, como un pasajero más, su esposa al lado, se sentaron frente a nosotros. Tuve la oportunidad de platicar por breves momentos sobre el encuentro de Amado Nervo y Porfirio Díaz. Cuentan que en aquella ocasión, el poeta declamó algún poema a los héroes, tal vez La Raza de Bronce. Preguntaron a Díaz su opinión del tepicense. “Musiquita”, contestó según una versión cuya prueba documental no conozco.

El Presidente sonrió. Su esposa también. Tal vez era una anécdota menor para el discurso que pronunció en el Congreso del Estado con motivo del centenario luctuoso del poeta.

“Un mundo sin poesía es la nada.”

Rubén Darío llamó a Nervo “fraile de los suspiros y celeste anacoreta”.

“Digo lo que pienso”: el arte y la poesía sí tienen que estar amarrados a la política.

Son las frases presidenciales que retumbaron, contundentes, en el Palacio Legislativo, el martes de mayo en que Paloma cantó al señor López a 10 mil metros de altura antes del aterrizaje frustrado por vientos inestables que pusieron los pelos de punta a más de uno.

Todo lo que causa el fraile de los suspiros.