El nayarita que se convirtió en padre de la píldora anticonceptiva y recibió diez dólares por la patente

• Pese al reconocimiento internacional, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas sufrió amenaza de ser excomulgado

Nació en Tepic un 16 de marzo como hoy pero de 1925; creció en una familia que motivó su interés por la lectura. Una de las obras preferidas por el pequeño fue “Los cazadores de microbios”, de Paul de Kruif.

Cierto día dijo: “Quiero ser inventor”. Aquella no fue una ocurrencia, pues tras realizar sus primeros estudios en tierras nayaritas, partió a la capital del país, donde cursó preparatoria e ingeniería química en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A los veintiséis años de edad, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas realizaba su tesis de doctorado en el Instituto de Química de la UNAM, mientras trabajaba en los laboratorios Syntex para encontrar una sustancia que evitara los abortos y ayudara a fijar el embrión en el útero. En el proceso descubrió la que se denominaría noretisterona (también conocida como noretindrona), compuesto activo de la píldora anticonceptiva, desarrollada pocos años después.

A propósito, en un artículo para la Revista de la Sociedad Química de México, Miramontes afirmó en 2001: “Yo no soy el inventor de la píldora anticonceptiva, el inventor fue el doctor Gregory Pincus, a quien conocí y me distinguió con su amistad; yo soy el descubridor del compuesto químico que originó la mencionada píldora. Algunos dicen que somos los padres de la píldora, no los inventores”.

De aquel descubrimiento de 1951, el investigador nayarita quiso compartir créditos con George Rosencrantz, director de Syntex, y Carl Djerassi, director de investigación del laboratorio, aunque su nombre aparece en primer término en el registro de la patente, por la cual recibió diez dólares. Su hijo Octavio Miramontes, también científico, señaló al respecto que su padre “tenía una visión romántica de la ciencia y decía que lo importante era su contribución a la humanidad”.

En los años sesenta, inició a escala mundial el empleo de la píldora y para 1977 la tomaban alrededor de 54 millones de mujeres, pese a la inicial oposición de instituciones como la Iglesia católica. Pese a que algunos jerarcas manifestaban que no estaban a favor ni en contra del anticonceptivo, hubo sacerdotes que amenazaron con excomulgar a quienes lo emplearan; la advertencia llegó incluso, directamente, para el descubridor Miramontes Cárdenas.

El científico seguiría su labor por décadas y por ejemplo trabajó en el estudio de los convertidores catalíticos para evitar la emisión de contaminantes de los automotores. Logró obtener 64 patentes nacionales e internacionales en química orgánica, química farmacéutica, petroquímica y química de contaminantes atmosféricos. No existe otro mexicano con tantos inventos patentados, aunque el número podría ser mayor debido a que los respectivos registros mexicanos no son fácilmente accesibles en el periodo 1950-1970, que fue el de su mayor productividad.

Sin embargo, el relacionado con los antiovulatorios ha sido el más reconocido, por lo que en 2004 el descubrimiento fue señalado como el vigésimo más importante de todos los tiempos en una elección organizada por Scenta de The Engineering and Technology Board del Reino Unido, y en 2005, la Academia Mexicana de Ciencias nombró el invento como la más importante contribución de México a la ciencia mundial en el siglo XX.

Por otra parte, su nombre se encuentra en el Salón de la Fama de Estados Unidos, junto al de inventores como Pasteur, Edison, Bell, los hermanos Wright y Henry Ford. En Tepic, su ciudad natal, el Hospital General de Zona Número 1 del IMSS se llama “Dr. Luis Ernesto Miramontes Cárdenas”, nombre que también tiene una calle del fraccionamiento Villas del Roble.

Paradójicamente, Miramontes Cárdenas, quien falleció en la Ciudad de México el 13 de septiembre de 2004, procreó diez hijos con su esposa Lilia Vidal.