Gema, Ortencia, Rosalba, Rosa María; las mujeres que cimentaron Servicios Periciales

Sus anécdotas: el terror frente a los cadáveres, el desmayarse en la sierra, el auxiliar en las autopsias por El Zorrazo.

Tepic.- Invitadas por la asociación CECRIF que encabeza la maestra y criminalista Ortencia Santana Muro, la noche del viernes 8 coincidieron la química fármaco bióloga Rosalba Copado Herrera, así como las doctoras Gema Alicia Tovar Guillén y Rosa María Jiménez Ceja para contar anécdotas, sus vivencias  de aquellos años en que dieron vida y cimentaron lo que hoy es la dirección de Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado (FGE), entonces Procuraduría.

A propósito del Día Internacional de la Mujer, el encuentro en CECRIF fue emotivo, a veces con risas, o conmovedor para el público asistente.

Primera en exponer, Rosalba Copado contó que recién egresada de la carrera, trabajó un tiempo en la fábrica de alcohol del Ingenio de Puga, pero debiendo separarse tras el nacimiento de su tercer hijo. Eran los años ochentas.

Más adelante, Copado intentó dar clases en alguna escuela, hacerse de recursos por la difícil situación económica.

En 1987, con la llegada de Celso Delgado al Gobierno del Estado, resultó que su padrino de generación era conocido del gobernante y gracias a ello se enteró que se preparaba el inicio de la dirección de Servicios Periciales, aunque no existía laboratorio.

Dijo que conoció y fue entrevistada por un perito muy completo: el señor Vicente Arce, y más o menos supo qué función haría. Puesto que le faltaba experiencia, gracias a que tenía un conocido en el Instituto de Ciencias Forenses, en Jalisco, se fue unos días para aprender y tomar nota de cuanto material necesitaría.

“Fue un reto, éramos peritos todólogos.”

De acuerdo con la amena narración de Copado, todo marchaba bien, tenía trabajo, sin embargo un día sintió que le daba un infarto cuando se le avisó la muerte de varios hombres, a balazos, a los que debía hacer una prueba para verificar si previo al fallecimiento accionaron armas de fuego.

– ¿También a los muertitos se les hacen pruebas de rodizonato? –preguntó.

– Sí –le contestaron.

Enterados del terror de “Quimiquita”, sus compañeros le dijeron que ellos tomarían las muestras, por lo que Copado sólo debería analizarlas posteriormente, sin embargo, recordó en CECRIF: ‘no, era mi trabajo, agarré mis frasquitos y me puse a hacerlo.’

De acuerdo con su anécdota, se mentalizó respecto a los difuntos, repitiéndose en silencio: “están dormidos, están dormidos, están dormidos, pero en ningún momento les ví la cara. Lo único que ví fueron sus manos; después, yo no podía comer patas de pollo, porque me parecían manos.”

Recordó que aquel día sus compañeros que participaron en la autopsia y en tareas de criminalística hablaron del suceso, del número de impactos en los cuerpos, cosas que ella no supo porque sólo se concentró en las manos.

Fundadora del laboratorio de química de Periciales, a más de 30 años de distancia agrega que “fue un miedo que tuve que vencer, un reto.”

Siempre profesional, años después Copado se convirtió en perito de la Procuraduría General de la República (PGR).

 

Precisamente en la PGR coincidió por segunda vez con la doctora Rosa María Jiménez Ceja, que también tuvo un paso por Servicios Periciales.

En la segunda mitad de los ochentas, Jiménez Ceja lo mismo daba consulta en Tepic en la colonia Morelos, que en Tuxpan, de donde es originaria y “era partera. Me buscaba la gente grande y yo iba y venía. Tenía una niña chiquita.”

Puesto que su esposo en ese tiempo trabajaba en la Procuraduría de Justicia, ella conocía al personal de Periciales, cuyo ingreso fue circunstancial por un suceso que en esa época marcó a Nayarit: El Zorrazo, la matanza ocurrida en el interior de la penal de Tepic.

“Aquel día, la doctora Pardo y el doctor Méndez me dicen: ‘ándele doctora, ayúdenos,’ y me puse a ayudarles, ellos me enseñaron mucho. Recuerdo que había mucha sangre, un olor a muerte. Yo no tuve tiempo para tener miedo. Entré a Periciales a aprender y luego hubo una vacante. En ese tiempo no había SEMEFO, el trabajo lo hacíamos en las funerarias. Yo había sido médico de consultorio y quien me certificó fue la PGR.”

De acuerdo con su narración, una parte dolorosa de su trabajo es la de conocer la muerte de niños en diversos accidentes.

Jiménez Ceja hizo referencia a un hecho muy fuerte en su vida -hace unos 25 años-: su esposo murió producto de una violencia extrema y ella decidió participar en los trabajos de autopsia.

 

No siempre se ve así a la doctora Gema Alicia Tovar Guillén: se le quebró la voz, asomándose las lágrimas, parpadeando repetidamente, muy emocionada.

Era una niña cuando la aquejó una delicada enfermedad –que afecta los nervios, los músculos- que superó, aunque con el paso de los años se le sugirió que no estudiara medicina, para evitar mayores alteraciones.

Pero la doctora Gema, como se le conoce, es terca y firme. Y no sólo estudió medicina, sino que por si fuera poco se especializó en medicina legal en la Ciudad de México.

Por ello habla de un especial gusto para auxiliar, desde sus conocimientos profesionales, en la investigación de hechos criminales. “Auxiliar a la justicia, estudiar a los muertitos.”

Corría el gobierno de Rigoberto Ochoa cuando consiguió trabajo en Servicios Periciales, cubriendo guardias sábado y domingo.

Gracias a su visión de especialista, en 1997 presentó un proyecto para que se construyera el Servicio Médico Forense (SEMEFO) y dejar de andar haciendo las autopsias en las funerarias, sin embargo su sueño debió esperar unos años, materializándose en la administración de Antonio Echevarría padre.

Si en el año 2000 fue nombrada directora de Periciales, tan pronto inició el SEMEFO quería irse ahí, aunque se trataba de una jefatura.

“Yo quería el SEMEFO, no la dirección. Después me fui aunque con un sueldo menor, luego se hicieron arreglos y ganaba más o menos lo mismo.”

Tovar actualmente es maestra en la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) y en la Univer; recordó que como directora de Periciales se puso a estudiar fuerte, para aprender de peritajes de otras ramas.

 

Los testimonios se presentaron dentro de la conferencia “Crónicas y retos de la mujer en las ciencias forenses,” a invitación del CECRIF. En distintas épocas, la anfitriona y moderadora Ortencia Santana, con una amplia carrera como criminalista, fue compañera de las otras tres.

Cuestionadas desde el público sobre la presión que puede haber a los peritos para que se cambie un dictamen, Gema, Rosalba y Ortencia se refirieron a un caso –cuidando no identificarlo-, donde supieron que sus peritajes habrían sido sustraídos de la averiguación previa, pero después reaparecieron, sin modificación.

Hace más de 20 años, no sólo cubrían el municipio de Tepic, sino que iban a todas partes del estado. Gema recordó cuando en una ocasión se desmayó en la sierra, luego de una caminata de horas a un lugar donde tenían que exhumar un cuerpo, aunque en el trayecto se perdieron. Ortencia agregó que, efectivamente, ella entró en la guardia siguiente y al enterarse del caso, a través de un conocido que trabajaba en la Procuraduría de Jalisco solicitó apoyo para la búsqueda en helicóptero, aunque finalmente policías locales les dieron auxilio.

Los emotivos testimonios mantuvieron en permanente atención a los asistentes.

(De izquierda a derecha: Ortencia, Gema, Rosalba y Rosa María. Foto: CECRIF)

 

Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com