Harán 2 estudios psiquiátricos a probable homicida de niño; conmueven madres en audiencia

• La mamá del menor fallecido pide que se haga justicia, mientras la otra añadió: “no sé qué pasó. Me duele. Ni mil palabras pueden componer lo que hizo.”  

Tepic.- Las mamás de Juan, de 33 años, y del niño Manuel Alexander, de cuatro, se conocen hace años y al mediodía de este jueves coincidieron en la sala cinco de juicios orales por una situación dolorosa: el inicio de audiencias por la probable responsabilidad del primero en el homicidio del menor, ocurrido la mañana del martes 18 en la colonia Genaro Vázquez, en Tepic.

Atentas al desarrollo de la audiencia que presidió el juez de control José Ricardo Rodríguez Valdés, al final les preguntó si deseaban hacer algún comentario:

– Solamente pido que se haga justicia. Mi hijo no pudo defenderse –comentó la joven Alejandra.

Por su parte, la mamá de Juan, María Elba, una señora quizás de unos 70 años, solicitó que su hijo sea atendido:

– La señora Alejandra sabe que sus niños y todos los niños de la colonia iban a jugar con mi hijo. Los quería, los abrazaba, los besaba. No sé qué pasó. Yo le decía a mi hijo que cuando no estuviera no dejara entrar a los niños a la casa, pero se llenaba de niños (…) me duele. Ni mil palabras pueden componer lo que hizo (…) yo decía a los vecinos que si no estaba en la casa no dejaran venir a sus hijos. Juan parece un niño, todo se le olvida, tiene más de 10 años medicado porque lo golpearon entre muchos con un bat (…) cuando lo dejaba encargado de la tienda se salía a jugar y todo le robaban. En la casa diario había muchos niños…”

Contó que si lo regañaba, precisamente la mamá de Alejandra intervenía para pedirle consideración, por su padecimiento.

Esa mañana, María Elba trabajaba en tareas domésticas fuera de casa cuando se enteró de los hechos.

Conocido en su familia como “El Negrito”, Manuel Alexander murió en el Hospital General de Tepic.

La Fiscalía General del Estado (FGE) precisó al juez que el menor tuvo nueve heridas cortantes en distintas partes del cuerpo. Una familiar le había dado tres pesos para ir a comprar al pequeño negocio:

– ¡Juan, quiero! –le oyó decir.

– ¿Qué quieres? –habría contestado el hoy preso.

Luego sobrevino el ataque.

Según algunos testimonios ventilados en la audiencia, Juan sonreía cuando el niño ya estaba herido en el suelo.

La situación mental del imputado fue parte del debate en la etapa de vinculación a proceso. De hecho, ha reavivado el reclamo social por la falta de un hospital psiquiátrico en el estado. Y es que, pareciera que tiene que ocurrir una tragedia para prestarse atención al tema.

Tras la ventilación de los datos ministeriales, la defensa particular apuntó que Juan padece esquizofrenia y que había sido medicado para estar tranquilo durante la audiencia. “No está competente, a todo dice que sí”, considerando entonces que no debía vinculársele a proceso.

Una situación aparentemente no prevista por la defensa es que, en todo caso, pudo solicitar la ampliación del término legal para aportar datos a favor de Juan, pero éste le ganó la delantera y, al ser cuestionado por el juez, pidió que en ese momento se resolviera su situación. El abogado se sumó a lo dicho por el otro y no a la inversa.

Frente a ello, la agencia ministerial solicitó la práctica de dos estudios psiquiátricos para conocer el estado mental del sujeto, explicando que posterior a la agresión, Juan subió a la planta alta de la casa y ocultó el arma homicida atrás de una imagen religiosa, guardó la ropa que traía y se quitó los tenis; es decir, insistió, debe verificarse plenamente su estado, pero ello no detendría el auto de vinculación a proceso que, en efecto, dictó el juez de oralidad.

De acuerdo con Rodríguez Valdés, se ha solicitado a la dirección del penal de Tepic y al centro Marakame que realicen estudios psiquiátricos, por separado. Además, en caso de padecimiento, los especialistas deberán precisar si es permanente o transitorio.

El juez concedió un plazo de cuatro meses de investigación complementaria, tiempo en el cual Juan deberá encontrarse en prisión preventiva, recluido en la penal.

Cruzado de brazos o recargando la cara en una de las manos, al lado su mamá, Juan se comportó sin mayor problema durante la audiencia. Usa el pelo corto. Sus ojos casi no se detienen en un punto fijo.

– La verdad, no –dijo, visiblemente tímido, tras unos segundos de que el juez le preguntó si quería hacer algún comentario final.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com