El niño de 3 años y sus botas que conmueven

• Esas botas son una sacudida para cualquiera; sin calcetines, parecieran las botas de un trabajador, desgastadas en sus jornadas y sin que nunca les dieran grasa.

(Foto: Oscar Verdín/relatosnayarit)

Tepic.- Las pequeñas botas de este niño de tres años son una sacudida para cualquiera. Sin calcetines, parecieran las botas de un trabajador, desgastadas en sus jornadas y sin que nunca les dieran grasa.

Daniel, por llamarlo de alguna manera, es hijo de Liliana y de Javier, nombres que no corresponden a la realidad pero que protagonizan una dolorosa historia.

Daniel nació el 13 de agosto del 2014 en Cuernavaca, Morelos, y poco después fue traído a Nayarit, debido al trabajo de sus jóvenes padres como cortadores de caña y alojándose generalmente en las galeras de San Cayetano, municipio de Tepic.

Liliana cuenta a este reportero la constante violencia física de que era objeto por parte de Javier, que la apartó del niño e, incluso, junto a otros familiares se cambiaba de galeras para evitar que pudiera ver a su hijo.

De 23 años y muy delgada, Liliana en una ocasión regresó al estado de Morelos, creyendo que allá se habían llevado al niño, pero no pudo encontrarlo.

Sin embargo, apenas el sábado tres se enteró que Javier había regresado a San Cayetano, por lo que se acercó a las galeras cuidando no ser descubierta por aquel.

A través de un agujero en una barda pudo reencontrarse con su hijo, hablarle, tocarle las manos, la cara. Supo entonces, por la versión de otros niños de más edad, que Daniel a veces comía zacate, agobiado por el hambre.

Y más o menos ese relato contó Liliana durante la mañana de este martes, cuando se sentó frente a la directora del Centro de Justicia Familiar (CJF), Maby Urania Silva Guzmán.

Con el antecedente de que era posible que Javier saliera del estado con el niño, pero sobre todo la condición de riesgo del pequeño, motivaron que en breve se dispusiera un operativo: policías de la Agencia Estatal de Investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE) y una representante de la Procuraduría Auxiliar de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, adscritos al CJF, se presentaron en el albergue para acompañar a Liliana.

Con una especial emoción reflejada en la cara, la joven agrega: “a mí me llevaron en otro carro. No me bajé. No ví al papá del niño. Ví cuando la licenciada traía a mi hijo y hasta aquí pude abrazarlo después de tanto tiempo”.

Liliana emite un suspiro: “¡lo recuperé, gracias a Dios y de este Centro, ya puedo abrazarlo!”.

El niño no ha sido registrado. Se duerme en los brazos de su mamá. El corte de pelo es como si hubiera sido trasquilado.

Revisado por una doctora del Centro de Justicia Familiar, se le encontró una lesión cerca del lado derecho del cuello: hace tiempo lo mordió un perro, según concluyó la especialista.

De acuerdo con Silva Guzmán, el papá del menor ha sido citado para enterarlo de la situación y se busca impulsar un convenio entre ambas partes, para que él también pueda verlo, pero siempre tomando como prioridad el bienestar y la seguridad del niño. Por lo pronto, la noche de este martes se quedaría con su mamá en el albergue del Centro de Justicia.

La citada directora explica que este caso sienta un precedente de una reacción rápida para recuperar a un niño en situación de riesgo.

Y si bien fue cambiado de ropas, ropas que el Centro de Justicia Familiar recibe en donación, las pequeñas botas continuaron puestas.

Son unas botas que conmueven.

• Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com