A 145 años del fusilamiento de Manuel Lozada

• "Mis intenciones fueron buenas para con vosotros. Muero con gusto", fueron las últimas palabras del Tigre de Álica.

Casi al amanecer de aquel 19 de julio, el hombre tuerto con rasgos indígenas fue conducido por calles de Tepic al sitio de su fusilamiento.

Transportado en un modesto coche, en compañía del párroco José María Solano y escoltado por la partida de ejecución, cruzó el río por el puente Santamaría o de Puga. La cabeza, erguida; sereno el semblante.

La caravana llegó a la loma de Los Metates cuando ya se podía percibir en todo su esplendor el Valle de Matatipac, con la mancha urbana en un primer plano y al fondo, la Serranía de San Juan, en uno de cuyos parajes fue aprehendido el que iba a morir.

Era 1873; cuarenta y cuatro años antes, Manuel nació de Norberto García y Cecilia González pero sería más conocido por el apellido de su tío y protector, José María Lozada.

El mismo año de 1873, él y sus «hordas vandálicas» habían sido derrotados en su intento de tomar Guadalajara. Luchaba por los ideales de las «clases menesterosas», luego de apoyar a la república, al imperio y de nuevo a la república.

Antes de recibir la descarga fatal, se le concedió el deseo de hacer uso de la palabra y dijo que en los dieciséis años que gobernó los pueblos del Nayarit siempre procuró su engrandecimiento. «Pueblos del Distrito de Tepic: Tengo la conciencia de que nunca hice mal a nadie; no me arrepiento de mis hechos, pues si alguna vez los que me rodearon no cumplieron con mis disposiciones, la culpa no fue mía… mis intenciones fueron buenas para con vosotros. Muero con gusto.»

A las 6:40 de la mañana dejó de existir quien fue de bandolero a líder político y militar, y cuyas actuaciones motivaron una controversia que no ha concluido a 145 años de aquella ejecución al noreste de la hoy capital nayarita.

Hoy señalaremos dos aspectos que parecen haber superado tal controversia: uno de ellos, la lucha agraria, emprendida para que se restituyeran a los «indios pueblos» las grandes superficies que a partir de la Colonia fueron cedidas a los hacendados.

Otro aspecto, que el historiador Jean Meyer destacó el año pasado en entrevista con Antonio Tello para NTV Nayarit: el aporte de la causa lozadista a la separación del hoy territorio nayarita del estado de Jalisco, del cual fue Séptimo Cantón de 1824 a 1867.

La creación, primero, del Distrito Militar del Tepic; su posterior conversión en Territorio federal (1884) y finalmente su erección en el Estado Libre y Soberano de Nayarit (1917) no se comprenderían cabalmente sin la lucha político-militar del Tigre de Álica.

En los dos planos debió librarse la batalla con las autoridades jaliscienses, que en ningún momento cedieron al propósito separatista y en enero de 1862, según el Ayuntamiento de entonces, llegaron al punto de disponer la extinción de Tepic, junto con villas y pueblos de su dependencia que se pronunciaban por una entidad soberana.

Ciertamente, Lozada cabalgó mucho más allá del trágico suceso de aquel 19 de julio, registrado en la loma de Los Metates.