López Obrador y el voto desde el hartazgo

• A Andrés Manuel el votante le perdonó todo, incluso verlo rodeado de personajes provenientes de otros partidos y con pésima fama.

Foto: Cuartoscuro

La realidad en la que se encuentra sumido el país, con millones de mexicanos en pobreza extrema y con hambre, de profesionistas sin trabajo, de la injusticia que marca distancia entre el poderoso y el jodido, de la corrupción cada vez más evidente, de una delincuencia que aplasta, del pobre que muere por ser pobre, seguramente influyeron para que Andrés Manuel López Obrador ganara con amplia ventaja la elección de este uno de julio y sea el próximo presidente de México.

Hay una percepción de que para millones de mexicanos López Obrador representa la última esperanza para enderezar al país donde la corrupción en los gobiernos ha llegado a grados enfermizos, igual que la impunidad.

Repetir que acabará con la corrupción le ha generado resultados favorables, ha sabido cuajar el reclamo social, el hartazgo, aunque al mismo tiempo sea él quien revela señales contradictorias, como el acercamiento con el grupo político de Elba Esther Gordillo, o pronunciándose a favor de Napoleón Gómez Urrutia, el líder minero exiliado en Canadá, precisamente por el probable mal uso de sumas millonarias.

México ha llegado a una terrible desigualdad, de miseria, en la que quizás como nunca en muchos años se ha votado con la esperanza de que esto cambie.

Sin embargo, nuevamente es Andrés Manuel quien provoca cuestionamientos respecto a si es el presidente que México necesita para salir de esta hambruna o si es un populista que pretenderá que veamos el país como el quiera, a su modo, aunque sigamos igual o peor.

No es vendiendo el avión presidencial y subiéndose a una avioneta como va cambiar el país. Eso no es humildad ni la honestidad que se requiere, sino populismo y de eso México también ya está harto.

Efectivamente, al país le urge que las prioridades en el gasto no sean para los personajes en el poder, no más para frivolidades y tampoco que las instituciones sean rebasadas por individuos.

A nuestro México le urge un presidente que no busque con palabras ganarse un lugar en la historia, sino que lo mueva hacer las cosas en beneficio de todos y no de grupos de poder, acostumbrados a no ajustarse a la ley.

Si sucede esto último, ello conducirá a lo primero, sin necesidad que nadie nos lo repita.

A López Obrador el votante le perdonó todo, incluso verlo rodeado de personajes provenientes de otros partidos y con pésima fama, identificándolo como el único que puede romper con una estructura corrupta afianzada en las instituciones.

Consiguió incluso mover el sentido del voto en un lapso breve. Hace un año MORENA se quedó lejos del primer sitio en la elección en Nayarit, y sin embargo ahora arrasó, lo que vale reconocer porque significaría que el ciudadano ya no quiere quedarse en un partido, sino votar por quien cree que puede hacer un mejor papel. Eso es bueno porque existirá la debida evaluación al funcionario y al partido en cada elección.

En la jornada electoral el votante se le entregó a López Obrador. Le dio su confianza. Ahora falta que él también cumpla: no sólo que haga bien las cosas, sino que el día que se equivoque lo acepte, que si falla lo reconozca, y no reclamar sólo cuando los resultados le son adversos.

Muchas cosas han pasado en México como para que no haya responsables de la miseria que vemos todos los días.

Si en los debates y en los eventos públicos insistió que acabará con la corrupción, esperemos que el próximo presidente de México empiece a trabajar por ahí. Ya sería un gran paso.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com