Una lección para la derecha

• El triunfo de López Obrador debe obligadamente generar una profunda autocrítica y reflexión en los partidos políticos sobre sus componentes ideológicos y el compromiso de sus miembros con el bien de la nación, ya que la derecha parece navegar en una ominosa indiferencia sin escuchar el clamor popular que exige soluciones ante la descomposición del país.

López Obrador festejó con miles de simpatizantes en el Zócalo de la Ciudad de México (Foto: Cuartoscuro)

Tres elecciones presidenciales y 12 años de campaña, le costaron a Andrés Manuel López Obrador para arribar por fin a la Presidencia de la República, aspiración que mantuvo intacta desde que fue jefe de gobierno en la Ciudad de México.

Su triunfo significa la consolidación de la alternancia, con dos gobiernos panistas y uno priísta que ya tomaron Los Pinos, pero ninguno de ellos representante de la izquierda, como lo será, aparentemente, el de AMLO.

Muchos pecados, errores y deficiencias, se le han señalado y se le siguen señalando al tabasqueño; intolerante, beligerante, radical, ambiguo, anclado al pasado, con ideas y propuestas simples o poco asequibles, ignorante en muchos de los temas de la vida pública del país, poco lúcido para debatir, entre otros defectos.

Si tan mal candidato es López Obrador como lo han mencionado sus adversarios y simpatizantes de la derecha, y aún así ganó con una avasalladora diferencia en las urnas, entonces las cúpulas del PRI, PAN y PRD, deben tener siquiera un mínimo de decoro y autocrítica para reconocer los errores de las administraciones federales que han encabezado, y entender que el electorado plasmó con su voto un severo castigo a lo que consideran, agravio tras agravio por parte de sus gobernantes.

Ejecuciones, balaceras, desaparecidos, descabezados, violaciones a los derechos humanos, inflación, devaluación del peso, aumento de los precios de combustibles, pérdida de poder adquisitivo, salario mínimo minúsculo, gobernadores en prisión por vínculos con la delincuencia organizada, nepotismo, negocios hechos al cobijo del poder; todo esto, hechos no aislados que permanentemente indignan, y con razón, al ciudadano, y que gran parte de la clase política, hace oídos sordos al clamor popular, o se disfrazan temporalmente de aliados del pueblo para luego sumergirse en su amnesia gubernamental.

Da la impresión que la derecha navega en una indiferencia ominosa, pues parece importarle poco las más de 200 mil carpetas de investigación por homicidio entre los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, que el 2017 fue el año más violento de las últimas dos décadas con 24 mil muertes, que ese mismo año tuvo la inflación más alta desde el 2000, con un 6.77%, o que la gasolina en seis años aumento su precio promedio a casi 20 pesos por litro, circunstancias que ensucian aún más un panorama lúgubre.

Para la mayoría de los votantes, López Obrador representó la única opción real de cambio, y lo apoyaron incondicionalmente pese a sus desafortunadas intervenciones en los debates del INE, a sus polémicas propuestas como la amnistía para pacificar al país, a las descalificaciones insistentes de los candidatos rivales, o los intentos por vincularlo con Rusia o Venezuela, y si así no le pudieron ganar ni Anaya ni Meade, quedan claras tres cosas: 1.- AMLO supo capitalizar el descontento social; 2.- La gente no perdonó la descomposición en la que está hundida el país; 3.- Y que el priísta y el panista fueron muy malos candidatos.

¿Qué pasó? ¿Por qué perdimos? ¿Cuáles son nuestras raíces? ¿Qué representamos? Esos deberán ser los cuestionamientos que se formulen al interior de los principales partidos políticos, puesto que en el discurso y en la votación, han sido superados ampliamente, pese al pragmatismo electoral del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, que conformaron una alianza que incluye dos fuerzas ideológicamente antagónicas, y también pese la famosa “estructura” y voto duro del PRI; tendrán que analizar si será necesaria la re-fundación de cada uno y retomar vigor para liderar una oposición con argumentos, abrazada por una ideología definida, sin aspirar a los cargos de elección popular por mera ambición de privilegios, con compromiso con el bien de la nación, o de lo contrario, se condenarán a ser borrados del mapa político.