El señor López y el penalti fallido de Cristiano Ronaldo

Hasta antes de ayer, las probabilidades de que ganara Andrés Manuel las elecciones presidenciales ascendía al 85 por ciento, según un modelo matemático del periódico El País.

En términos futboleros, la derrota de López Obrador será tan probable como ver fallar un penalti a Cristiano Ronaldo, dice el diario.

¿El debate dominical cambió las cosas en esta contienda presidencial?

Probablemente no. Porque durante el encuentro de los candidatos, en los siguientes días, y mucho tiempo después, lo único que quedará en la memoria colectiva será la propuesta de mochar las manos a los ladrones. Como del debate de mayo de 2012 sólo queda la imagen imborrable de ese escote perturbador de la edecán Julia Orayen. ¿Alguien recuerda otra cosa?

Probablemente sí. Si todos los mexicanos pensáramos como esos analistas políticos que vieron las fortalezas argumentativas del joven Ricardo Anaya y las debilidades y fallos de López Obrador.

Probablemente no. Porque todos nos comportamos como los representantes de los candidatos, a quienes en los minutos posteriores al debate preguntó el presentador televisivo: “¿Quién ganó el debate?” “Margarita”, dijo el asesor de Margarita. “Meade”, dijo el de Meade. “Anaya”, dijo el de Anaya. “López Obrador”, dijo el de López Obrador. “El Bronco”, dijo el de El Bronco. ¿Ustedes imaginan al representante del señor López convirtiéndose al “bronquismo” o al “anayismo” porque su gallo no contestó con claridad lo que significaba la amnistía?

Probablemente sí. Si la decisión del voto tuviera motivaciones racionales y se evaluaran aciertos y desaciertos durante los pocos días de campaña. Si así nos comportáramos en todos los ámbitos.

Probablemente no. Porque la decisión del voto es como la compra de casi todo, como el amor mismo: se basa en las emociones, en los motivos irracionales.

Probablemente sí. Si hubiera una derecha definida, una izquierda identificada.

Probablemente no. Porque en lugar de derecha, izquierda o centro, hay un antipriísmo a flor de piel, que ha capitalizado uno de los candidatos.

Probablemente sí. Si las candidaturas independientes no fueran receptoras de partidistas desencantados con sus partidos políticos, y su real independencia contrastara con los partidos.

Razones y emociones. El corazón de un país, sin esperanza. La cabeza de un país, con pesimismo crónico.

Así, todo puede suceder un domingo de julio: México, campeón en el Mundial de Rusia, o un penalti fallido de Cristiano Ronaldo.