Tepic en una sopa de letras

Patricia Ramírez y Lorena Hernández

Eran unas niñas.

Salían de la escuela y se convertían en niñas reporteras que recorrían las calles de Tepic.

El resultado de su trabajo era magia a sus oídos. Vibraban al ritmo de los decibeles de sus notas y las voces de sus entrevistados, en los noticiarios de Radio Aztlán.

Ahí se hicieron adictas. Porque el trabajo periodístico es adictivo, sin cura definitiva. Y como sucede en estos casos, la primera experiencia no fue suficiente, así que dieron el siguiente paso: querían embriagarse con el olor de la tinta y el ruido de las rotativas de la prensa escrita.

Ni los apellidos ni la estatura daban para que fueran hermanas, pero lo eran, por el mutuo cariño y la semejanza de las pasiones.

Lorena Hernández y Patricia Ramírez fueron reporteras de Meridiano de Nayarit. Pronto Patricia fue jefe de información y Lorena directora. Entre el rigor gramatical y la innovación, ahí dejaron huella.

Patricia escogió la academia como forma de vida. Los que la quisimos nunca entendimos por qué murió tan rápido. Enseñaba intenso, vivía intenso y escribía intenso. Y quienes hacen eso no pueden morir, tan sin razón.

Lorena trabajó para un empresario metido a político que fue senador, y se hizo de otra adicción: la Ciudad de México.

También  escribió poesía, publicó un libro con sus primeros trabajos y lo presentó en un bar, entre cervezas heladas y humo de cigarrillos, algo novedoso en el Tepic de ese tiempo.

Regresó a México y se desarrolló en los círculos de la cultura y la literatura, que la llevaron a abrir una empresa de promoción y gestoría.

Tengo la impresión que le pasó lo que a muchos nayaritas que han dejado esta tierra: desayunarse a diario el coraje porque los presentadores de televisión y del estado del tiempo se brincan a Nayarit o fallan en su ubicación.

Quiso poner a su tierra en el mapa de México y lo hizo a través de la literatura. En 2015 llevó a cabo el Festival de Letras de Tepic. Fueron claves para su celebración las gestiones del diputado federal Guadalupe Acosta Naranjo y el entusiasmo de Polo Domínguez.

El éxito de las dos primeras ediciones tiene evidencias palpables: número de escritores y eventos, asistencia y, aunque usted no lo crea, venta de libros.

Los escasos dineros en todos lados hacían casi imposible este año la nueva celebración del Festival.

Una de las primeras noches de 2018 Lorena tuvo la certeza de que el Festival de Letras de Tepic tendría pronto su tercera edición: se soñó niña a la hora de comer y vio en la superficie de su sopa de letras una palabra: T E P I C.

Tuvo un encuentro con el gobernador Echevarría, que rápido le dijo que no suspendiera el Festival y ofreció cubrir la mayor parte de los honorarios, traslado y hospedaje de los escritores. La otra parte correrá a cargo del Ayuntamiento de Tepic, que encabeza el ex rector Castellón.

Hoy miércoles, finalmente, empieza la fiesta de las letras con la presentación de las obras de escritores nayaritas. Los siguientes días vienen los famosos.

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