Tepic.- Dos preguntas de la directora del Centro de Justicia Familiar (CJF) parecen no tener una respuesta inmediata: “¿cuándo empezó todo?, ¿dónde fue ese olvido?”.

Maby Urania Silva Guzmán habla de esa violencia profunda dentro de las familias y su rostro se contrae: “¿hasta dónde el cuerpo de una mujer aguanta tantos golpes?, ¿por qué no te duele el dolor de un niño?”.

La funcionaria se anima: “si protegemos a una mujer violentada, a un niño o a una niña, ya valió la pena lo que estamos haciendo”. Ejemplifica que, recientemente, tuvieron casos de mujeres que fueron canalizadas a refugios nacionales porque sus vidas corrían peligro: tarde o temprano sus parejas las matarían.

En su oficina del Centro de Justicia, por la avenida Rey Nayar, habla de una violencia que se ha ido recrudeciendo:

“Los hijos ya están violentado a los papás y te estoy hablando de niños de 12 años, donde viene la mamá y su pareja, que no es papá de los niños sino el padre afín, y él la tiene que proteger de los hijos de ella; nos cuenta que ella, porque son sus hijos, no dice nada, al grado que la maltratan, la ofenden, apoyados por su papá biológico. Pero a veces no dicen nada porque no tienen otra opción sino que siempre ha habido un sometimiento desde que vivía con el padre de ellos”.

Silva Guzmán abunda:

“Si nos vamos a los protocolos de actuación, nos hacen referencia a una violencia que, podríamos decir, ya la teníamos identificada, pero está apareciendo otro tipo de violencia, cuando el agresor se encuentran involucrado en la delincuencia organizada. Son violentos en el exterior pero también hacia su pareja pero con un extra, esa cuestión de que se dedican a ser homicidas por retribución, y llegan con su esposa o concubina y aparte de la violencia física hay algo más, muy cruel, como el decirle que acaban de asesinar a alguien ‘y así como lo dejé, así te voy a dejar a ti’. Esa es una violencia extrema.

“Hemos tenido casos donde las mujeres ya no tienen miedo a lo que pase con sus cuerpos, sino un miedo que va más allá, un miedo a que les pase algo a sus hijos que a veces no son hijos del agresor, a su mamá, a su papá, porque saben que la amenaza se puede concretar y es ahí donde vienen con un miedo muy profundo.

“Y eso, aparte de la violencia que han hecho sobre ellas, desde tenerlas amarradas o hasta golpearlas con un bat. O mostrarles imágenes donde están personas torturadas y se les amenaza con hacer lo mismo con ellas. Pero a los golpes físicos se suma la explotación: el hecho de mujeres que trabajan y todo el dinero se lo quitan sus parejas violentos para no darles otra opción.

“Literalmente han tenido que escaparse por alguna casa vecina, a ese grado de brincar bardas, de correr; no sé hasta dónde el cuerpo de una mujer puede soportar tanto golpe.

“Hay una señora a la que protegimos y la sacamos de aquí, pero su miedo no era tanto el de ella. Ella nos decía: ‘yo estoy protegida, pero mis hijos, mi mamá, ayúdenlos porque va ir contra ellos. En el momento que yo ya no esté va ir a buscarlos’. Se envió a un refugio nacional, un lugar seguro”.

Considera que, en ese río de violencia, hay casos extremos donde se estuvo en tiempo de tomar decisiones y evitar una tragedia:

“No lo puedo acreditar, pero hay dos o tres casos que, por lo menos, ya no forman parte de una estadística de feminicidio porque para allá iban y sus cuerpos ya no iban a soportar más golpes.

“Imaginemos a una mujer violentada por una persona que tiene un trabajo lícito: un obrero, un profesionista, pero ahora imaginemos la violencia por parte de una persona con un trabajo ilícito, que ya no tienen temor de nada: ¿a qué sean señalados por la sociedad?, ¿a perder un empleo?, ¿una familia?. No. Ahí es donde está cambiando la violencia.

“Un feminicidio no significa que nació de la noche a la mañana. No. Hay un antecedente de violencia que fue creciendo para llegar a eso”.

Pero frente a ello, la sorprende la disposición de gente que ayuda a personas vulnerables por la violencia:

“Estoy impresionada de cómo hay personas que se dedican de manera altruista a apoyar a mujeres violentadas y nosotros como institución les tenemos un agradecimiento. Se ha hecho una excelente colaboración con instituciones como la Fiscalía –General del Estado-; por lo menos las querellas de violencia familiar ya se presentan aquí, porque la gente agraviada andaba de aquí para allá.

“Todos los que aquí trabajan tienen un lugar especial y sin ellos no podríamos llegar a un objetivo, llegar a algo y marcar la diferencia que hay antes y después de una denuncia. Estamos trabajando de manera coordinada porque si empezamos cada quien por su lado, no va funcionar. Aquí todos trabajamos parejo y se los reconozco. La verdad es que hay gente que trabaja con mucho ánimo”.

De acuerdo con la funcionaria, en la violencia no sólo se da sólo el sometimiento físico, sino la disminución de lo que vale una persona. Recuerda una impresionante imagen en su oficina:

“En la puerta veo a dos mujeres con mucho miedo en sus ojos y una de ellas me explica: ‘tuve que escapar. Tengo mucho miedo, miedo a que de verdad me vayan a atender, a respaldar”.

Una de las mujeres vivía en violencia desde que se casó. La otra era su mamá.

“Es cuando me pregunto: ¿tú cuerpo cuánto ha resistido?, porque incluso llegó al extremo de querer privarse de la vida. El sometimiento empieza con eso de que no son nadie y nadie las va escuchar y las debilitan tanto que ellas se lo creen. Esa parte sí la quiero reafirmar: que sí las estamos escuchando, que vengan, que se acerquen al Centro de Justicia Familiar, tenemos el número de teléfono 1295000”.

Una de esas mujeres violentada traía una fractura, un esguince en el cuello, golpes en el cuerpo.

– ¿En qué estamos fallando?.

– A lo mejor hemos tenido un descuido y hemos querido atender situaciones por ejemplo de delincuencia organizada, entonces cuando se van para allá las prevenciones se nos olvida la familia, pero creo que a todos se nos olvidó la familia en el sentido de protección. Si volvemos a proteger el entorno familiar va haber resultados diferentes, y eso nos toca a todos.

“Hay progenitores que compran armas de juguete a sus hijos para que jueguen a ser sicarios. La teoría de las armas bélicas es dependiendo del hogar que tengan los niños. Porque tu hijo puede traer arma de juguete pero es el policía, el sheriff, el vaquero, el que protege, pero una cosa diferente es que sea el sicario, el que asalta, eso no es normal que se le enseñe a un niño y si no tienes cuidado con tu hijo, va para allá”.

El próximo 25 de noviembre se conmemora la no violencia contra la mujer y, según el apunte de la directora del CJF, están realizando acciones preventivas en áreas que cuentan con altos reportes de violencia familiar. Por ello, el día 24 estarán en la colonia El 8, “donde hemos tenido varios casos de violencia contra la mujer. Ahí vamos a ir como Centro de Justicia Familiar, así queremos conmemorar, que nos conozcan e incluso si se tiene que levantar algún reporte o dar asesoría, adelante”.

Y concluye:

“Si protegemos a una mujer violentada, a un niño o a una niña, ya valió la pena lo que estamos haciendo”.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com

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